Lucha de clase
NúMERO 31 - MARZO 2010
LOS RECORTES PRESUPUESTARIOS Y LA JUBILACIóN A LOS 67 AñOS: MáS DINERO PARA LOS CAPITALISTAS
SITUACIóN INTERNACIONAL
HAITí: LA CATáSTROFE NATURAL NO DEBE OCULTAR EL DRAMA SOCIAL
EL DECRECIMIENTO, UN PUNTO DE VISTA ABSOLUTAMENTE REACCIONARIO
LA RECUPERACIóN DE LA MEMORIA HISTóRICA
01-01-2010
LOS RECORTES PRESUPUESTARIOS Y LA JUBILACIóN A LOS 67 AñOS: MáS DINERO PARA LOS CAPITALISTAS Los gobiernos de la UE quieren hacer pagar el robo financiero de los banqueros, especuladores y grandes empresarios a la población trabajadora. Esta es la realidad de la crisis social y económica que estamos padeciendo. Cuando hablan de solucionar los problemas económicos del país no se refieren a crear empleo directamente, a mejorar el acceso a la vivienda de la población, o a aumentar las pensiones no contributivas. Se refieren a como mantener los beneficios de los causantes de la crisis: la oligarquía financiera española e internacional. Esta política a favor de estos explotadores tiene estas medidas básicas: la reforma laboral para reducir el despido, la congelación salarial, el recorte de gastos del presupuesto del Estado y el aumento de la edad de jubilación. Y como guinda de todo esto la emisión de la deuda del Estado para ofrecer negocio a especuladores y banqueros.
Por sorpresa la Ministra de Economía y Hacienda, Salgado, anunció el pasado mes de enero que el gobierno propondría el aumento de la jubilación mínima en dos años, hasta los 67. Además las prejubilaciones que ahora están en la edad límite de 52 años, se aumentarían hasta los 58. La indignación ha recorrido todo el país. Días después dijeron que era sólo una propuesta para debatir en el parlamento. En la situación de precariedad laboral en la cual se encuentran más del 50% de la población trabajadora, a pesar de que las pensiones medias son de 800 € y hay 300 mil personas con pensiones que no llegan al salario mínimo y en estos momentos de crisis social con un paro que se acerca a los 4,5 millones de personas, este gobierno llamado socialista se atreve a atacar de esta forma lacerante a los que trabajan. Esta medida anunciada se hace en el contexto de la presidencia europea de Zapatero, cuando las instituciones europeas llaman la atención sobre la situación de posible quiebra estatal de nuestro país en el mismo nivel de gravedad que Grecia y Lituania. Se hace también cuando se ha anunciado que las promotoras inmobiliarias tienen una deuda de 300.000 millones de euros con el sistema financiero y que el déficit del Estado está en el 11,4% del PIB, cien mil millones de euros aproximadamente. En definitiva, en una situación general de quiebra del sistema económico y estatal, del sistema capitalista español, que puede arrastrar al resto de países europeos.
Estas medidas anunciadas indican una vez más la elección de Zapatero por los intereses de la patronal para hacer pagar la crisis a costa de las espaldas de los trabajadores.
LA MENTIRA COMO JUSTIFICACIóN
La estructura laboral de la población española se concreta de esta forma: el país tiene 45 millones de habitantes de los cuales su población activa – es decir la población en edad de trabajar, que abarca desde los 16 hasta los 65 años- es de 23 millones de personas, de los cuales asalariados son 20, autónomos 1 millón y grandes empresarios alrededor de 500.000. La distribución de la riqueza se reparte entre el 45% del PIB entre los asalariados, el 10% del Estado a través de los impuestos y el 55% son las rentas de capital, en manos de una minoría burguesa de unas 500.000 personas que se apropian de la plusvalía generada por el colectivo trabajador.
Por otra parte, las pensiones en España son verdaderamente bajas comparándolas con el volumen de producción y riqueza del país. Si las comparamos con la media de la UE están por debajo del gasto del PIB. En 2005 era del 10,4 % mientras que la media de la UE era del 12,3%. Según los datos oficiales del Ministerio de la Seguridad Social existe un total de 8,6 millones de jubilados y la jubilación media es de 759,86 € mensuales, siendo la pensión máxima de 2466 €, la mínima para jubilados que están solos de 587€ y 752 € si están acompañados. Sin embargo, existe una pensión para aquellas personas que no tienen nada y que es de unos 400 € mensuales. Esta pensión la cobran 300 mil personas.
Antes de descubrir la demagogia del gobierno en sus argumentos para aumentar la edad de jubilación hay que entender que en España el cálculo para cobrar se realiza sobre lo que se llama la base de cotización, que es un porcentaje sobre el salario base. Es decir, no se calcula sobre el salario total que se ha cobrado. Además se necesitan 15 años para cobrar la pensión contributiva y esta jubilación sería el 50% de la base cotizadora. El máximo es de 35 años para obtener el 100% de la base. Otro elemento fundamental a tener en cuenta es que el sistema de pensiones lo sostiene la clase trabajadora con sus cotizaciones. Aquí está el núcleo de la demagogia y el engaño: son los trabajadores los que pagan, independientemente del desarrollo productivo. Así lo que se pretende, amparándose en la bajada de natalidad, es que los trabajadores produzcan más por menos dinero. Así pretenden pagar el déficit del Estado. En realidad todos esos sesudos economistas que prevén la quiebra del sistema de jubilación lo que hacen es defender la explotación del trabajo para que la patronal y el Estado obtengan beneficios. No son los trabajadores los únicos que deben contribuir. Son en realidad los capitalistas quienes deberían pagar. Simplemente con aumentar la contribución del Estado a la caja de pensiones de los impuestos a los más ricos se solucionaría el problema.
LAS MEDIDAS DE ESTABILIDAD: REDUCIR GASTOS PARA PAGAR A LA BANCA
El gobierno de Zapatero ha realizado un plan de estabilidad y lo ha presentado en Bruselas. El plan pretende reducir 50.000 millones de euros de gastos del Estado hasta reducirlo del 11,4 al 3% del PIB en 2013. En este plan está la idea de aumentar la edad de jubilación y la edad mínima para obtener la pensión. Aunque ya ha dicho que era simplemente una idea para discutirla en la comisión del pacto de Toledo, el fondo del tema es meter la tijera en los gastos y aumentar las contribución de los trabajadores.
Sin embargo en 2007 el Estado tenía superávit. Ha sido la crisis financiera de 2008 la que ha provocado que los gastos del Estado aumentaran y sus ingresos disminuyeran. El aumento en los gastos no ha sido originado por los presupuestos sociales como Educación o Salud. Todo lo contrario, el déficit se ha producido por los regalos a la patronal, la disminución de impuestos a los ricos y grandes empresas y sobre todo por el sostenimiento del sistema bancario. Esta crisis, consecuencia del robo continuo de la burguesía financiera, pretenden ahora que la paguemos la población. Cuando el portavoz del gobierno, Blanco, expresaba su indignación ante el ataque de los especuladores al sistema financiero español y sobre el euro decía que había una “conspiración” contra Zapatero, no hacía más que echar balones fuera, buscar una cortina de humo para distraer la atención de lo fundamental. El sistema capitalista funciona a través del negocio en el sistema financiero. Prácticamente el negocio en los sectores productivos ha desaparecido para obtenerlo en el sistema financiero. Los especuladores realizan millones de beneficios a través de sus operaciones en el sistema financiero y en la Bolsa de valores. No es una conspiración es el funcionamiento del sistema capitalista.
El déficit del Estado es la deuda provocada por el aumento de los gastos estatales. Hay que saber que el patrimonio empresarial y bancario que tenían los Estados fue vendido a buen precio a los capitalistas en la década de los ochenta y noventa del pasado siglo. Si tener bancos nacionales, o empresas estatales de sectores productivos, el Estado ha tenido que ayudar a especuladores y empresarios en esta crisis a través de su deuda. Esta deuda estatal son, entre otros productos financieros, los bonos del Estado. Cada país emite estos bonos que no son más que préstamos que el mundo financiero realiza al Estado y que cobra con intereses suculentos. Como esta deuda se compra y se vende según aumenten los intereses, el beneficio de los financieros lo realizan dependiendo de la oferta y demanda y de las expectativas futuras. Si los capitalistas dejan de comprar esos bonos subirán los intereses. La diferencia de un 1% de interés puede dar millones de euros en unos días de beneficio. Sólo España tiene previsto lanzar una deuda de más de 75.000 millones de euros.
Es el pago de esta deuda en manos de los bancos lo que Zapatero quiere que paguemos con el aumento del IVA, las cotizaciones para la jubilación, la congelación salarial, la disminución de gastos sociales y empleo estatal. La justificación y las presiones de los capitalistas y sus políticos pretenden decir que si los mercados no funcionan el dinero se va y nos arruinamos. Pero la ruina es mantener este robo de la riqueza social originada por el trabajo para que los grandes ladrones y estafadores sigan ganando dinero.
Este es el fondo del problema: mantener este sistema económico es mantener el robo social del producto del trabajo. Hay que ser conscientes de este hecho para poder negarnos a ello y exigir lo único racional y humano en esta situación: expropiar los bancos, investigar las cuentas de éstos y de las grandes empresas; racionalizar el crédito para ayudar a los autónomos sin usura; controlar la producción por los trabajadores y crear empleo directamente por el Estado en los servicios sociales y productivos útiles para la sociedad eliminando las subvenciones, e incentivos a la contratación o a cualquier actividad empresarial y perseguir, llegando a expropiar sus fortunas personales, a estos especuladores y empresarios que, como Gerardo Díaz Ferrán, estafan a sus clientes y mandan al paro a trabajadores.
01-01-2010
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Texto adoptado en el congreso de Lutte Ouvrière (fin del año 2009)
El futuro de las relaciones internacionales está condicionado por la evolución de la crisis de la economía capitalista mundial y el grado de su progreso.
La solidaridad entre las grandes potencias, encarnada por las reuniones del G7, del G8 y del G20 (desde la extensión a países como China, India, Arabia Saudita, Brasil, incluso también a Indonesia, México o áfrica del Sur), parece por el momento predominar. Esta solidaridad, que tiene como fundamento el interés común de las burguesías de parar la crisis financiera aplastando un poco más a sus clases explotadas, sin embargo no pone fin a la competencia y a la rivalidad entre naciones capitalistas; al igual que el hecho de asociar a estos conciliábulos entre bandoleros imperialistas a dirigentes de algunos de los grandes países pobres no pone fin a las relaciones de subordinación entre potencias imperialistas y países subdesarrollados.
A pesar del debilitamiento de su economía y de su divisa, el dólar, el imperialismo americano continúa dominando el concierto de las naciones. Se beneficia de un siglo de desarrollo económico favorecido por la posesión de un vasto mercado nacional sobre un territorio inmenso y rico tanto en bienes materiales como en hombres. Habiendo sucedido al imperialismo británico en la dominación del mundo, habiendo consolidado su posición de dirigente del mundo capitalista a través de ambas guerras mundiales, la burguesía americana, la más poderosa del mundo, está desde la Segunda Guerra Mundial en situación de tomar su diezmo de la economía mundial. Sólo le hacía sombra La Unión Soviética, pero desde su implosión, minada por la avidez de la burocracia para consolidar su dominio sobre la economía, los Estados Unidos son la única "superpotencia" donde el poder de la burguesía y el desarrollo de su sistema económico no tienen otro límite que el del mismo capitalismo. El retroceso actual de su economía, la fragilidad de su sistema bancario revelada por la crisis, así como la pobreza creciente de una parte de su población, sólo tienen una causa interna.
Los Estados Unidos conservan sin embargo este privilegio, heredado de su desarrollo en el curso de su siglo de ascensión, no sólo de enriquecerse en detrimento de la parte subdesarrollada del planeta – sobre todo en detrimento de América latina – sino también de poder imponer a otras potencias imperialistas una alineación detrás de sus propias guerras.
La concesión del premio Nóbel de la Paz a Obama no volverá al imperialismo americano más pacifista. Como ya lo habíamos constatado en el texto sobre la situación internacional en 2007 y luego en 2008: "los gastos militares, después de haber bajado durante los años de descomposición de la ex Unión Soviética, para alcanzar su cuantía más baja en 1996, han ascendido para volver en 2005 al nivel que tenía al final de la guerra fría. Continuaron creciendo a un ritmo rápido. El presupuesto americano de Defensa pasó de 318 a 478 mil millones de dólares entre1996 y 2005, o sea un aumento del 50 % en nueve años. (…) Esta carrera para la fabricación de armas que toma una parte creciente en una producción material, por otro lado estancada, es el reflejo de las tensiones múltiples en las relaciones internacionales, pero constituye también una necesidad económica para la clase capitalista".
Los gastos militares americanos están hasta ahora en un nivel muy elevado; las intervenciones americanas en Irak y Afganistán representan una parte importante del presupuesto.
La reaparición reciente de los atentados suicidas hasta en los barrios más protegidos de Bagdad muestra la fragilidad de toda la relativa estabilización de la situación, intervenida desde 2007. A pesar de la promesa de Obama, ciertamente prudente, de retirar el ejército americano de Irak, cosa que contribuyó a su elección, los Estados Unidos están lejos de poder hacerlo. Estados Unidos no puede retirarse del cenagal iraquí, que ellos mismos han creado, sin instalar allí una fuerza de represión autóctona capaz de mantener el orden. Esto parece aún menos probable ahora ya que ciertos atentados recientes parecen haber gozado de complicidades en el interior mismo de las fuerzas armadas iraquíes.
Los Estados Unidos continúan estando confrontados con el mismo dilema desde hace años: retirar sus tropas de Irak y arriesgarse a dejar tras ellos el caos con enfrentamientos entre milicias de diferentes obediencias religiosas o étnicas; o bien quedarse, sin acabar por ello con el caos. Pues el caos irakí, que es un polvorín, representa una amenaza de contagio para toda la región.
La situación en Irak es ciertamente uno de los numerosos elementos que intervienen en la orientación de la política americana respecto a Irán. Los ruidosos enfrentamientos entre los dirigentes iraníes y los de Estados Unidos respecto a las armas nucleares iraníes se parecen a una partida mentirosa de póquer.
Estados Unidos tiene interés en vincular a los dirigentes iraníes con la defensa del orden regional. Hay que recordar que era el papel destinado a Irán en tiempos del Sha. Después de la caída del Sha en 1979 y la llegada al poder de Jomeini, los Estados Unidos habían adoptado una estrategia que buscaba la caída del régimen de los mullahs. El Irak de Saddam Hussein fue uno de los instrumentos de esta política. Pero la guerra llevada a cabo entre 1980 y 1988 por el dictador de Bagdad, mano derecha de las potencias occidentales en su época, financiado y armado por ellas, no había destruido el régimen iraní.
Si este último, debilitado por esta larga guerra dónde se estima en un millón el número de muertos, no jugó durante un tiempo un papel superior sobre el tablero del Medio Oriente, no es lo mismo desde hace varios años. No sólo el régimen de los mullahs demuestra una cierta estabilidad, mientras que Irak y el Afganistán vecino están en distintos grados presos del caos, sino que tiene una influencia sobre organizaciones chiítas en Irak, incluso sobre Hezbollah en el Líbano.
Y ciertamente no es el carácter teocrático del régimen iraní lo que molesta a Estados Unidos, que se acomoda muy bien con el régimen todavía más reaccionario, si cabe, de Arabia Saudita.
A falta de poder desembarazarse del régimen de los mullahs, el interés estratégico de los Estados Unidos es estar con ellos, en todo caso no contra ellos.
Si bien hay signos que muestran la orientación de Estados Unidos hacia algún tipo de reconciliación, el régimen iraní, disponiendo de cierta base popular, no es propenso a convertirse en un régimen fantoche. De ahí las presiones que los Estados Unidos intentan ejercer sobre los dirigentes iraníes blandiendo la amenaza que representaría para la región la capacidad de Irán de dotarse de armamento nuclear (¡todo esto con la calurosa aprobación de Israel, que dispone de la bomba atómica!).
Esta 'amenaza nuclear' cumple contra el régimen iraní la misma función que las 'armas de destrucción masiva' contra Saddam Hussein. Probablemente no conduce a la guerra, que los Estados Unidos serían incapaces de llevar a cabo sobre un tercer frente, sino a hacer a Irán aceptar las condiciones de reconciliación con los Estados Unidos más favorables para éstos.
El argumento de que Irán representaría una amenaza para la región no es menos cínico por parte de las potencias imperialistas. Primero porque ellos mismos y sus aliados en la región disponen de estas armas nucleares que prohíben en Irán. Luego porque, como afirmaba Chirac, un misil iraní portador de ojivas nucleares apenas tendría tiempo de despegar cuándo ya sería destruido por los sistemas antimisiles desplegados en la región por las grandes potencias y por Israel. Para acabar y sobre todo, en el curso del siglo pasado jamás vimos a Irán amenazar a las potencias occidentales, mientras que éstas intervinieron allí, directamente o indirectamente, repetidas veces. En 1941, es el ejército británico el que invadió el país, en unión con la Unión Soviética, para derribar al Sha, sospechoso de querer mantener la neutralidad del país en la guerra. En 1953 es la CIA la que orquestó la caída del Primer Ministro Mossadegh que había querido nacionalizar el petróleo iraní, en manos en esa época del trust Anglo-Iraní Oil Company, más tarde la British Petroleum (BP). Y en 1980, el agresor era Saddam Hussein con el apoyo de Estados Unidos. En Afganistán, los ejércitos mancomunados bajo la tutela de Estados Unidos están en una situación que se parece bastante a un cenagal. Ha sido una comedia el circo electoral montado para dar un carácter democrático al régimen de Karzaï, nombrado por la coalición occidental. Era de todos modos una seudo elección hecha para la opinión pública occidental, con el fin de dar a la intervención imperialista la apariencia de una intervención para la democracia.
Es una vieja receta de cualquier intervención imperialista, que evidentemente no se efectúa jamás para imponer una dominación o para proteger un pillaje, sino en nombre de la paz, en nombre de la democracia o en nombre de la civilización. Pero, por muy ingenua que sea la opinión pública occidental, informada por una prensa que dice lo que tiene ganas de decir, el cuento de hadas de una democracia en marcha en Afganistán es poco creíble.
El imperialismo francés quiere manifestar su presencia en la región, de auxiliar del imperialismo americano. Digan lo que digan los Ministros, es una guerra de bandolerismo con la piel de los soldados y, mucho más, con la de la población afgana.
Queda como resultado de la intervención de las tropas occidentales un régimen corrupto hasta la médula y cuyo poder no sobrepasa los límites de la ciudad de Kabul y esto con esfuerzos.
Quedan igualmente estructuras sociales anacrónicas que las grandes democracias de Occidente ni han tocado, marcadas por los clanes, la opresión de las mujeres, el poder religioso.
Queda sobre todo una población mantenida en la miseria, siendo el país de los más pobres del mundo, al que nada ha aportado la intervención occidental, salvo a guisa de modernidad, los aviones de combate que pasan por el cielo para tirar sus bombas y, a guisa de ayuda material, que lo que cae para el comercio local de las sumas gastadas para asegurar la presencia de las tropas occidentales.
Es la hostilidad creciente con respecto a las tropas de ocupación la que favorece la multiplicación y el fortalecimiento de los grupos de guerrilla armada reagrupados bajo el nombre genérico de "talibanes". Nombramiento falso en su generalidad porque todos los que combaten a las tropas occidentales y al régimen de Karzai no se reivindican del antiguo régimen encuadrado por estos estudiantes de religión que son los talibanes.
El régimen de Karzai tiene frente a él a las milicias de los diferentes señores de guerra, cada uno con su feudo regional. Incapaces de combatirlos, el régimen y, detrás de él, las potencias occidentales, se contentan con intentar lanzarlos unos contra otros, reforzándolos al mismo tiempo. En este juego complejo destinado a los jefes de guerra, está por ver que las tropas de ocupación occidentales y Karzai jueguen el mismo juego.
Si, para Irak la perspectiva de una retirada de las tropas de ocupación es contemplada, sin ser realizada, en el caso de Afganistán no sólo no se contempla tal posibilidad, sino que además se envían tropas suplementarias. Ante la realidad del encenagamiento occidental, ilustrado por el hecho de que la guerrilla controla las tres cuartas partes, por lo menos, del territorio nacional y que multiplica las operaciones en el interior mismo de Kabul, los Estados Unidos están comprometidos en una huida hacia adelante, contemplando un crecimiento de su presencia militar. Esto no les trajo éxito en Vietnam. Queda la cuestión de saber hasta dónde la opinión pública americana aceptará sin grandes reacciones la vuelta al país de ataúdes de los soldados.
De Obama a Brown, pasando por Sarkozy, todos los dirigentes procuran convencer a su opinión pública de la importancia de esta guerra, que está en trance de hacerse un foco de infección para toda la región. Comenzando con Pakistán. Los servicios secretos de este país, gran aliado de Estados Unidos y poseedor de la bomba atómica, desempeñó un papel considerable en los tiempos de la ocupación soviética de Afganistán para formar y para armar a los señores de guerra que combatían al ejército de ocupación de la época, así como a los talibanes. Su política pasada se vuelve contra ellos como un bumerang. Toda la zona fronteriza de Pakistán lindante con Afganistán está bajo la ley de los grupos armados de base religiosa o étnica patchun . A pesar de las repetidas intervenciones del ejército paquistaní para reconquistar su propio territorio con ayuda de Estados Unidos, la inestabilidad desborda la zona fronteriza y amenaza al conjunto de Pakistán.
Aparte de algunos discursos destinados a los dirigentes de los países árabes, no hay ningún cambio visible en la política americana sobre la cuestión palestina.
Los Estados Unidos, como todas grandes potencias, dejaron a la aviación israelí machacar la franja de Gaza durante varias semanas este invierno 2008-2009.
El gobierno de Netanyau, instalado en febrero de 2009, es uno de los más derechistas, uno de los más reaccionarios, uno de los más abiertamente hostiles hacia el pueblo palestino que ha habido desde hace tiempo. Continúa el establecimiento de nuevas colonias judías en Cisjordania, la consolidación del vergonzoso muro que concreta toda una política de separación entre los dos pueblos, y multiplica las medidas que sólo pueden ser consideradas por el pueblo palestino como provocaciones permanentes. Hay que recordar que esta política ha sido llevada a cabo por todos los gobiernos israelíes en nombre de la seguridad de Israel y de su pueblo. Ha cavado un foso de sangre y de odio entre ambos pueblos, ha agravado la opresión del pueblo palestino y vuelto su situación material insostenible, ha conducido al fortalecimiento de Hamás en el seno del movimiento palestino, y al estallido de una entidad palestina ya desmenuzada entre la franja de Gaza y Cisjordania, pero sin mejorar la seguridad de Israel. El bombardeo de Gaza, la multiplicación de las colonias en Cisjordania, la infamia del muro de separación, así como la de la repartición del agua, limitada a veinte litros al día por persona la cuota reservada para los palestinos de Cisjordania, sólo pueden alimentar las acciones, incluso las más desesperadas, por parte de la población palestina.
Sobre el continente africano, si ciertos focos de guerra se apagaron, por lo menos momentáneamente - en Liberia o Sierra Leona-, otros tomaron su lugar. Una parte de Sudán, Chad o Somalia están en estado de guerra. Sin hablar de las guerras internas con bases étnicas o religiosas que desgarran con más o menos intensidad a Nigeria, Níger, Guinea-Bissau, Mauritania. En cuanto a Costa de Marfil, si una especie de paz armada sucedió a la guerra abierta por el golpe militar de septiembre de 2002 entre el Norte y el Sur, el país no está aún unificado. El deterioro de la situación económica sólo podrá multiplicar e intensificar los conflictos. Consecuencia de la pobreza en las regiones donde la posesión de un fusil es un medio de supervivencia, la multiplicación de bandas armadas es un factor agravante de la pobreza.
áfrica negra, que en su tiempo sufrió en sus carnes la ascensión de la burguesía de Europa occidental por el tráfico de esclavos, por la despoblación, es el continente que sin duda paga más cara la perpetuación del imperialismo decadente de hoy.
La República democrática del Congo, ex Zaire, el tercer país de áfrica en extensión y el más rico por la variedad del tesoro mineral que encierra su subsuelo, resume él sólo el destino del conjunto del continente. Una encuesta, realizada por el Senado congolés y hecha pública este octubre en Kinshasa, constata que el Estado de este país está en la incapacidad total para únicamente censar las sociedades mineras que operan en su territorio y todavía menos de cobrarles los impuestos fiscales. De hecho, un gran número de grandes sociedades occidentales están presentes sobre su territorio para explotar, directamente o indirectamente, el cobalto, el cobre, el oro, la plata, el diamante, el coltán, que se van hacia la industria de los países desarrollados sin la menor repercusión no sólo para la población local, ni siquiera para el Estado del Congo. Todo lo más, se benefician un poco de esta lluvia de riquezas los múltiples jefes de la guerra que sirven de vigilantes a los trusts que roban al país. La mayoría aplastante de unos setenta millones de habitantes “vive -por repetir la expresión del periódico El Mundo- en condiciones infra-humanas, víctimas de las guerras locales, víctimas del desbarajuste político y administrativo, víctimas sobre todo del pillaje del país".
La investidura en Gabón de Ali Bongo para suceder a su padre Omar Bongo, dictador de este país durante 42 años, bajo los aplausos calurosos del gobierno francés, así como las últimas repercusiones del llamado proceso de Angolagate, recuerdan la presencia activa y el papel poco reluciente de Francia en sus antiguas colonias de áfrica, y hasta de más allá.
No había que esperar, por cierto, de Sarkozy que abandonase, como pretendía hacerlo al llegar al poder, la "Françafrique", los lazos estrechos entre las dictaduras o los regímenes más o menos autoritarios del ex imperio colonial y numerosos dirigentes políticos y altos funcionarios del Estado francés. Cada uno lleva allí sus cuentas; los dictadores de áfrica encuentran una protección y un reconocimiento diplomático internacional y el imperialismo francés se lleva encargos, los mercados, la zona de influencia, sin hablar de lo que reciben clanes y hombres políticos, pues los dirigentes africanos saben ser generosos con el dinero extorsionado a sus pueblos. A falta de otra cosa, el proceso de Angolagate levantó una esquina del velo de este pequeño medio donde se mueven políticos, la derecha y la izquierda, un antiguo ministro, el ex prefecto, los traficantes de armas, los hombres de negocios corruptos, sazonado por algunos escritores y ensayistas de éxito. Los millones cobrados por unos y por otros son sin embargo sólo unas migajas del beneficio sacado a una de las poblaciones más pobres del mundo y del robo del continente.
Si el embargo a la economía de la inmensa mayoría de estos países no proporciona al gran capital francés mas que una fracción de sus beneficios globales, lo que esto representa no es despreciable para algunas dinastías capitalistas del género Bolloré, el Bouygues, Michelin, Pinault, el Saadé, el Aga Khan y algunas otras, y para algunas de las empresas más grandes del CAC 40, Total, Areva, Air France, Eramet, Vinci; para bancos como el BNP, la Sociedad General o Crédito del Norte, sin hablar de los vendedores de armas.
Para proteger sus intereses, el Estado francés despliega actualmente en áfrica a unos diez mil militares. La mitad se estaciona en bases permanentes en Jibuti, en Senegal y en Gabón, otros participan en operaciones militares con nombres poéticos como "Unicornio" en Costa de Marfil y "Gavilán" en Chad. Sin hablar de los militares franceses que participan, incluso forman, la fuerza europea presente igualmente en Chad y en la República centroafricana.
En Chad, el ejército francés mantiene bajo su protección al dictador Déby que una oposición armada ha estado a punto de hacer caer dos veces, si no hubiese sido por la intervención de la aviación francesa.
En Costa de Marfil, el ejército francés despliega a unos cuatro mil soldados, teóricamente como fuerza de interposición entre ambos brazos opuestos del antiguo ejército marfileño, el llamado ejército leal que ocupa el sur del país, dónde reside el gobierno legal, y el ejército rebelde que ocupa el Norte. Desde que un acuerdo entre Gbagbo, presidente titular de Costa de Marfil, y Soro, el jefe político de la rebelión del Norte, consagrado con el hecho de que el segundo se convirtió en Primer Ministro del primero, toda la casta política se prepara para una elección presidencial destinada a liquidar la secesión para restablecer la unidad del país y, más importante todavía para el imperialismo francés, la unidad del ejército.
Postergada repetidas veces, esta elección "definitivamente" ha sido fijada para el 29 de noviembre de 2009. Cuando escribimos este artículo, todo indica sin embargo que la fecha será postergada una vez más, sin duda debido menos a la lentitud invocada al hacer el censo de la población y por la distribución de las tarjetas electorales, que por la resistencia de algunos jefes militares rebeldes a irse de feudos provechosos. "Explotan y exportan los recursos naturales, el cacao, el algodón, la madera, la nuez de caoba, el oro y los diamantes ", subraya un informe muy reciente de la ONU.
Gbagbo, por su parte, se beneficia de estos aplazamientos - la elección presidencial habría debido efectuarse en 2005 - porque esperando continúa ocupando el palacio presidencial. Y sea o no, " interés superior de la Nación ", los que se tallaron un feudo tienen ganas de abandonarlo sólo mediante indemnizaciones consecuentes. Las burguesías, tanto de Costa de Marfil como francesas, tienen los servidores que merecen.
Pero los focos de tensión donde el fuego se mantiene bajo la ceniza con la amenaza de abrasar no se limitan a los dos tercios subdesarrollados del planeta. En Europa, si uno de los Estados nacidos de la descomposición de Yugoslavia, Eslovenia, ha sido integrado en la Unión Europea incluso en la zona euro; si otro, Croacia, lleva el mismo camino, Bosnia, de un lado, y Kosovo del otro, están lejos de haber hallado la estabilidad que pretendían aportarles las potencias occidentales tutelares. Bosnia, un protectorado disfrazado, bajo la tutela de un " alto representante ", está paralizado a nivel institucional, catorce años después de los acuerdos de Dayton. Sigue dividida entre dos entidades, la " República serbia " y una " Federación croata-musulmana ", prácticamente independientes. La primera está dirigida por el clan político-mafioso de su jefe de Gobierno que no piensa abandonar el dominio de su feudo. La segunda es ella misma una entidad compuesta con una separación étnica oficial. Kosovo, cuya independencia no ha sido reconocida por un gran número de Estados, entre ellos Rusia, pero también España, etc., está desgarrada entre su mayoría albanesa y su minoría serbia. Los conflictos políticos benefician a la criminalidad organizada y a tráficos de toda clase.
La división de ex Yugoslavia, que la diplomacia internacional justifica por el principio de las nacionalidades, consiguió esta transformación que, a pesar de la división estatal, o a causa de ella, dos por lo menos de las cuestiones nacionales que marcan la región desde las guerras balcánicas de principios del último siglo, la cuestión serbia y la cuestión albanesa, no hayan sido resueltas.
Si siempre es en ex Yugoslavia dónde las tensiones nacionales, es decir étnicas o religiosas, son más visibles, es toda Europa central la que está minada. Por todas partes en las ex democracias populares, la crisis y la pobreza que suben avivan las tensiones entre los pueblos.
En toda esta parte de Europa, las fronteras han sido trazadas por las potencias imperialistas victoriosas de la Primera Guerra mundial con arreglo a sus intereses, luego vueltas a trazar por los acuerdos de Yalta y de Potsdam durante o inmediatamente después de la Segunda Guerra mundial, sin preocuparse jamás de los intereses ni de la identidad de los pueblos que desmenuzaban o agrupaban a la fuerza con otros. La inmensa mayoría de estos Estados están compuestos de una o varias minorías nacionales que les sirven muy naturalmente de blanco a los demagogos de extrema derecha.
A estas minorías nacionales se añaden los Roms, presentes por todas partes y quienes constituyen la fracción más pobre y más oprimida de la población, la que también es el blanco privilegiado de los grupúsculos fascistoides. Las recientes elecciones europeas han confirmado la subida de las extremas derechas que juegan con la demagogia patriotera con respecto a las minorías nacionales, racista con respecto a los Roms.
Además de las ideas abyectas que profesan, los grupos de extrema derecha que comienzan a tener casa propia representan una amenaza hasta física para los trabajadores. La clase obrera representa en estos países una fuerza numéricamente importante, concentrada a menudo en grandes fábricas que datan de la época de las Democracias Populares, ya que todas no ha sido abandonadas o desmanteladas.
Tanto la clase obrera polaca como la de la antigua Checoslovaquia, de Hungría o de Rumania tienen ricas tradiciones de lucha. Estas clases obreras, hace poco explotadas y oprimidas bajo regímenes que se pretendían socialistas, continúan siéndolo en provecho de los capitales privados bajo regímenes la mayoría de las veces muy reaccionarios y están sin duda más desorientadas aún que la clase obrera occidental. Pero la gravedad de la crisis amenaza con levantar explosiones sociales peligrosas para la burguesía de estos países que tiene la altanería de los nuevos ricos y, detrás de ella, para el gran capital occidental que domina la economía de estos países.
Es en este contexto que el desarrollo de grupos de extrema derecha, con el anticomunismo por bandera y una palabrería chauvinista, movilizados para "romper huelgas", representa un peligro para los trabajadores.
La economía de Rusia y su presupuesto han estado marcadas desde el 2000 por los precios elevados del petróleo y del gas y algunas otras materias primas. Los hidrocarburos, representando más de un 50 % de las exportaciones, los metales y los productos metálicos cerca del 20 %, las cotizaciones elevadas de estas materias primas han permitido a Rusia desendeudarse y conseguir reservas que se situaron en 600 mil millones de dólares en agosto de 2008 (enriqueciendo de paso a los oligarcas que consiguieron poner la mano sobre estos sectores). Putin se jactaba en noviembre de 2008 de que " la economía estará protegida de acciones externas brutales por nuestras reservas internacionales". En realidad, estas reservas se derritieron en algunos meses, cayendo a 370 mil millones de dólares en 2009.
Lo que fue una ventaja para Rusia se convirtió en un obstáculo con la crisis y con la fluctuación de los precios del gas y del petróleo. La economía productiva ha sido seriamente dañada, con una caída de la producción industrial del 9 % en noviembre de 2008, del 10 % en diciembre de 2008 y del 16 % en enero de 2009, con relación al año precedente.
Si no hay que apiadarse, por cierto, de la suerte de los grandes oligarcas de la economía rusa vinculados al círculo del poder político –un Deripaska convertido en el rey del aluminio con la protección de Putin, habiendo perdido así veinte mil millones de dólares-, las consecuencias de la crisis tomaron un giro original a causa del pasado soviético.
Uno de los fundamentos de la economía planificada de la Unión Soviética era el desarrollo de empresas muy grandes especializadas en una sola producción -como, por ejemplo, la fábrica de automóviles AvtoVaz con sus ciento dos mil obreros (de la cual Renault posee hoy un cuarto de las acciones)- arrastrando el desarrollo alrededor de ellas de ciudades mono industriales. A pesar de la evolución de la economía ex soviética en el curso de los últimos veinte años, a pesar de las transformaciones jurídicas interpuestas con muchas fluctuaciones, la estructura fundamental del conjunto de la economía rusa está marcada por esta especificidad que data de la planificación. Según las cifras más recientes (fuente El mundo), en el momento en el que se ponía en marcha la crisis, el 40 % del producto interior bruto de Rusia era generado por estas ciudades mono industriales, es decir, dedicadas hacia un solo tipo de producción y una sola empresa.
La Federación rusa cuenta con cuatrocientas de estas ciudades mono industriales, agrupando a veinticinco millones de personas. Además, la planificación permitió hacer surgir tales ciudades, hasta en las regiones más inhospitalarias del país. Tanto el presente como el futuro de estas empresas, así como las ciudades a las cuales dieron origen, dependían y todavía dependen de su integración en un tejido industrial a escala del conjunto del país. Esto fue asegurado por la economía planificada. Pero ello multiplica y agrava los problemas, ahora que los lazos establecidos en el marco de la economía planificada están rotos.
Cuándo la crisis golpea a una de estas empresas, esto no sólo es dramático por la amenaza de los despidos que pesan sobre una parte de los trabajadores, sino también porque la empresa y la ciudad viven en simbiosis: a menudo es la fábrica la que produce también la electricidad y la calefacción para toda la población y asegura un cierto número de servicios en el terreno social (colonias de verano para los niños, la cantina accesible a las familias, asistencia).
El riesgo multiplicado de explosiones sociales en estas condiciones explica la prudencia tanto de los dirigentes políticos como de la dirección de las mismas empresas, las cuales bajo la presión de esta amenaza, prefieren reducir el tiempo de trabajo, imponer períodos más o menos largos de paro técnico, más bien que cerrar las empresas.
Gracias a la sobreexplotación de sus trabajadores, el Estado chino amontonó reservas de cambio por cerca de dos mil millones de dólares, lo que lo convierte en uno de los principales poseedores de divisas americanas, tras Estados Unidos desde luego. La interdependencia financiera que esto implica entre ambos países conduce a todo tipo de fantasmas que presentan a China como el país cuyo dinamismo sacará a la economía capitalista mundial de la crisis, incluso como el futuro país grande de la economía mundial, por así decirlo, al igual que los Estados Unidos. Pero esto es olvidar que esta interdependencia es la que ata a un país desarrollado, con un mercado interior potente y un sistema financiero que lo es aún más, a un país subdesarrollado que, aunque cuatro veces más poblado, tiene un mercado interior limitado por la pobreza de la mayoría de su población.
Si China se hizo, como es costumbre decir, " el taller del mundo ", este taller sólo produce una parte para la población china. Además, las empresas que producen en China son muy a menudo subcontratas de capitales japoneses, americanos, de Taiwán u otros.
La China de hoy, es, de un lado, los barrios ultramodernos de Shangai o de Pekín, el fausto y las luces de los Juegos olímpicos y, por otro lado, la inmensa mayoría de los campos dónde se vive miserablemente y donde la población está sometida a reyezuelos locales nacidos de la burocracia del Estado o del partido.
La misma crisis parece, por el momento, acelerar las tendencias en curso desde hace varios años. De un lado, China se sumó a la segunda fila de los países que cuentan con mayor número de multimillonarios, detrás de Estados Unidos. Estos últimos serían 359, en China 130 que, según las cifras dadas por El Mundo, acumularían 571 mil millones de dólares (la sexta parte del PIB chino). Por otro lado, los bríos de la crisis ya habrían conducido de vuelta a casa, es decir, hacia la miseria de los campos, a varias decenas de millones de trabajadores venidos a buscar trabajo y un salario en las megápolis chinas.
Sin embargo los periodistas sensacionalistas no tienen la culpa de pensar que posiblemente será el país dónde se decidirá el futuro del mundo. ¡ No a causa del número de multimillonarios chinos que hacen, desde hace algunos años, la fortuna de los industriales del lujo y de los productores de champán y de coñac a diez mil euros la garrafa! Sino debido a la importancia numérica creciente del proletariado chino.
Bajo la dirección de un partido que se dice hoy todavía comunista, China se ha convertido, según los especialistas en este género de comparaciones, en el país con las desigualdades sociales más escandalosas, justo detrás de Brasil, un poco antes que áfrica del Sur (aunque en la materia hay muchos otros competidores para este reluciente palmarés). Con el desarrollo de estas desigualdades, China posiblemente está acumulando materia explosiva que podría detonar las estructuras económicas y sociales del país. Y, dado su peso en el mundo, posiblemente más allá.
Es también el país dónde se hace sentir, sin duda de modo más cruel, la ausencia de un partido político que represente los intereses del proletariado.
En este país inmenso por sus dimensiones y, más todavía, por su población, el único factor de unificación es un aparato de Estado poderoso, totalmente al servicio de la clase privilegiada. Frente a esta centralización, las explosiones que se han dado a lo largo del tiempo, hasta violentas pero dispersas, son impotentes.
Pero en otros tiempos, en los años veinte, la clase obrera china, infinitamente menos numerosa que hoy, fue capaz de hacer surgir de sus filas un partido comunista. La llave del futuro está ciertamente en su capacidad de hacer surgir un nuevo partido verdaderamente comunista que sea capaz de luchar en nombre de la clase obrera china contra la nueva burguesía y la burocracia de Estado a ella vinculada. Desde hace varios años, la situación de opresión en ciertos países pobres, las guerras locales y, mucho más todavía, la pobreza e incluso el hambre, provocan la migración a un número creciente de personas. Estas migraciones no se limitan a migraciones de América latina o del Caribe hacia Estados Unidos o Canadá, o de áfrica hacia Europa, sino van también del Este europeo pobre hacia la parte occidental rica del continente o de Indonesia, de Filipina, de Malasia hacia los países productores de petróleo del Medio Oriente.
La migración se ha convertido de vía de supervivencia individual a un medio de supervivencia para regiones, incluso países enteros. Un informe reciente bajo patrocinio de la ONU acaba de descubrir que los trabajadores emigrados africanos trasferían antes de la crisis, cada año, el equivalente de cuarenta mil millones de dólares a sus países de origen. Una suma sin comparación con las sumas miserables que se otorgan bajo los vocablos de “ayudas a los países pobres” o de “ayudas al desarrollo”. Es gracias a estas transferencias que sobrevive una parte importante de la población de los países de origen de los trabajadores emigrantes. También son las transferencias las que permiten a las comunidades locales tener cierto número de equipamientos colectivos, escuelas elementales, etc.
La disminución de las sumas transferidas a causa de la crisis y del paro que golpea a los trabajadores emigrantes es catastrófica para estos países. Estas transferencias no conciernen sólo a la migración africana. Para ciertos países de Asia o hasta de Europa, estas transferencias representan un importe considerable con relación a su producto interior bruto: el 45 % para Tayikistán, el 38 % para Moldavia, entre muchos otros.
El desarrollo de estas migraciones es uno de los aspectos de la mundialización bajo el imperialismo. Pero mientras que el imperialismo ha unificado el mundo para los desplazamientos de capitales y de mercancías, multiplica los obstáculos para los desplazamientos de las personas, mientras que precisamente es el imperialismo el que provoca las migraciones profundizando las diferencias entre los países ricos y los países pobres, repercutiendo su crisis financiera sobre los precios de los productos alimenticios.
En el momento en el que las esferas dirigentes del mundo imperialista celebran ruidosamente el aniversario de la caída del muro de Berlín, otros muros se levantan en el mundo por razones políticas como el que separa a la población de Israel de los palestinos, o por razones económicas como las barreras electrificadas en la frontera entre Estados Unidos y México, y aún en una de las fronteras del sur de Europa, en Ceuta y en Melilla, sin hablar de la fronteras Schengen instaladas en los límites orientales de los países del este recientemente integrados.
Pero las peores fronteras no son las de hormigón o alambradas. Son aquellas que se instalan en los espíritus a causa de políticas retrógradas, las llevadas a cabo por todos los países imperialistas en materia de inmigración, describiendo la migración como un fenómeno amenazante que hay que impedir o por lo menos filtrar.
La política migratoria compartida por todos los gobiernos del imperialismo nos lleva a dar pasos atrás como en la época del imperialismo naciente.
Recordemos que lo que se llama a veces la primera mundialización a finales del siglo XIX y principios del XX estuvo marcada por grandes movimientos migratorios del este y del sur de Europa hacia la parte occidental del continente, y más todavía, de Europa hacia Estados Unidos. Provocando estos desplazamientos de poblaciones, el imperialismo todavía no había inventado todos los obstáculos físicos o administrativos para impedirlos, ni la misma noción de "sin papeles".
Recordemos también que el movimiento obrero de la época, la Internacional Socialista todavía revolucionaria, consideraban estas migraciones y la mezcla de las poblaciones obreras resultantes como algo positivo y hasta uno de los fundamentos del internacionalismo de la clase obrera.
Los grandes partidos obreros de la época trabajaban para que los trabajadores del país de destino acogiesen a los trabajadores emigrantes, no sólo para facilitar su integración, sino también para educarlos y transmitirles lo mejor de las tradiciones del movimiento obrero. Combatían todas las tentativas del empresariado, que no era mejor que hoy, para enfrentar a los trabajadores unos contra otros. Y lo hacían no sólo invocando principios, sino también luchando para que los trabajadores emigrantes tuvieran los mismos salarios y las mismas condiciones de vida que sus compañeros autóctonos. Y es uno de los signos de la degeneración de estos ex grandes partidos obreros que, cuando están en el gobierno, llevan la misma política reaccionaria que la derecha, en este campo como en muchos otros. Para los militantes comunistas revolucionarios, el internacionalismo no es sólo una cuestión de solidaridad humana elemental, aunque también lo sea.
Igualmente a como la misma burguesía portaba, en la época en la que era revolucionaria, la idea de nación, el proletariado lleva la idea de unificación del planeta, simplemente porque el comunismo es posible sólo a esta escala. "¡ Proletarios de todos los países, uníos !" no es sólo un eslogan que resume la necesidad para todos los trabajadores de unirse más allá de sus orígenes frente a la clase capitalista. Es, más aún, la afirmación de que el mundo futuro liberado de la explotación, de la propiedad privada de los medios de producción, del beneficio y de la competencia, donde una economía planificada y democráticamente controlada podrá funcionar, según la expresión de Marx, " de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades ", sólo podrá ser realizado por el proletariado mundial.
01-01-2010
Subir al principio de la páginaHAITI: LA CATáSTROFE NATURAL NO DEBE OCULTAR EL DRAMA SOCIAL
¿200.000 muertos o el doble? Nadie sabe con certeza el número de víctimas del terremoto en Haití. Los cuerpos están lejos de ser sacados totalmente de las ruinas porque, si los salvadores se alegran delante de las cámaras de televisión de haber sacado de los escombros a personas vivas, apenas aparecieron por los barrios pobres. Nadie puede adivinar tampoco cuántas víctimas harán las epidemias, incluso simplemente la sed y el hambre.
El terremoto es un hecho de la naturaleza, pero el número de víctimas es un hecho social. ¡Viene de la pobreza del país y de la mayoría de los habitantes, del estado de los cuchitriles para los que la expresión "incumplimiento de las normas sísmicas" es un eufemismo!
El hecho de que la capital Port-au-Prince esté situada sobre una falla, y por tanto es susceptible de sufrir terremotos, era conocido y los científicos llamaron la atención a menudo de los riesgos. ¿Pero cómo el gobierno se va a preocupar de esta amenaza, mientras que no se preocupa de la muerte ordinaria de tantos pobres, del hambre, de la pobreza, o de enfermedades fáciles de curar? Hasta en tiempos normales, en los hospitales falta de todo, médicos, enfermeras y medicinas.
En la televisión no faltan reportajes sobre gente salvadas por socorristas de países ricos de Occidente. Pero la mayoría han sido salvadas por la población, que mostró en este acontecimiento un grado de solidaridad extraordinaria. ¿Cuántas personas han trabajado con sus manos vacías antes de que desembarcaran los equipos occidentales con su material moderno?
Después de un tiempo de reacción, no se puede decir que haya habido la rapidez exigida por la situación, las grandes potencias acabaron por movilizarse.
¿Pero hace falta recordar que la miseria infinita de Haití, el país más pobre de ambas Américas, es la consecuencia de varios siglos de robos? Primero por parte de Francia, que había deportado allí a africanos transformados en esclavos, cuyo trabajo forzado hizo de Haití el país más importante de los proveedores de azúcar del mundo, en la época.
Es la rebelión de estos esclavos la que puso fin de una vez a la dominación colonial de Francia y a la esclavitud. Pero Francia no dejó por eso de robar al país y le impuso el pago de indemnizaciones enormes para los propietarios de esclavos, que Haití tardó más de medio siglo en pagar. Luego son los estadounidenses quienes tomaron el relevo transformando el país en su proveedor de mano de obra casi gratuita.
Entonces, esto de ahora sólo sería la pequeña fracción que los Estados devuelven a Haití de lo que le robaron. Pero no podemos confiar en las potencias imperialistas. Si los Estados Unidos han tomado el control del aeropuerto, ha sido para desembarcar a muchos más soldados que socorristas o médicos. Porque su principal preocupación es prevenir cualquier explosión social tanto como una gran huida de la población hacia sus costas.
Las raciones alimenticias distribuidas aportan, es verdad, un alivio. Pero si estos socorros alcanzan a ciertas categorías de la población, no llegan a los barrios pobres. Hasta hoy, dos semanas después del terremoto, la población pobre verdaderamente puede contar sólo con la solidaridad que viene de sus filas.
En cuanto a la reconstrucción, ¿que harán las grandes potencias aparte de conferencias? Ayudarán a la reconstrucción del palacio presidencial y de los ministerios. Asegurarán las infraestructuras necesarias para que la zona industrial retome su producción con obreros pagados con menos de dos dólares al día.
Lo que sería urgente, además de los víveres y las medicinas, es la construcción rápida de viviendas baratas que tengan en cuenta las normas sísmicas. Pero ésto no lo harán. Y asegurarán todavía menos a los trabajadores, a los campesinos de este país, el vivir correctamente de su trabajo. No costaría ésto más caro que llevar la guerra a Irak o Afganistán, y solamente una pequeña fracción de lo que se les distribuyó a los banqueros en Estados Unidos, en España o en otro lugar. El presente y el futuro de Haití dependen menos de las consecuencias de un fenómeno natural que de una organización social abyecta.
01-01-2010
Subir al principio de la páginaEL DECRECIMIENTO, UN PUNTO DE VISTA ABSOLUTAMENTE REACCIONARIO
Si en los años noventa han aparecido y se han desarrollado las ideas sobre el altermundialismo, hoy es una corriente para muchos jóvenes, y no tan jóvenes, más o menos contestatarios, una corriente que se ha bautizado como el decrecimiento.. El rechazo del crecimiento económico, del «antiproductivismo», la guerra contra el consumo, el deseo de regresar a una economía local, el rechazo de los avances tecnológicos, pasar a la "austeridad" o a la "simplicidad voluntaria", son los pilares de este nuevo evangelio.
Es complejo saber si el relativo éxito de esta corriente será duradero. Pero es innegable que, hoy por hoy, está de moda.. Aunque no se ha reflejado en las últimas elecciones europeas, dónde las listas de « Europe Décroissance » han hecho unos resultados insignificantes - entre 0,02 y 0,04% - según las circunscripciones. Los resultados electorales de las listas de “Europa-Ecológica” lo reflejan en parte. Pues muchos partidarios del decrecimiento han escogido dar su voto, apelando al "voto ecológico útil", a las listas encabezadas por Daniel Cohn -Bendit.
El interés por las ideas del decrecimiento de una parte de la pequeña burguesía intelectual, y también de una parte de la juventud estudiante, parece evidente..Se observa, entre otras cosas, por el éxito relativo del periódico La Décroissance (El Decrecimiento), que publica alrededor de 50 000 ejemplares – lo cual es significativo para un periódico político.
Queda claro que el aglutinarse con el decrecimiento, por parte de los partidarios del altermundialismo, sería un retroceso desde el punto de vista de las ideas.
El altermundialismo, en efecto, a pesar de sus limitaciones y su carácter profundamente reformista, se coloca por lo menos en el terreno de denunciar las desigualdades y pretende repartir mejor las riquezas para todo el planeta.
El decrecimiento, o más bien el conglomerado de organizaciones, de periódicos y de individuos que se reclaman de él, se ubican en otro terreno muy distinto: el de unas ideas claramente reaccionarias. Sus seguidores no lo niegan del todo : Serge Latouche, el principal portavoz del decrecimiento en Francia, denuncia, por ejemplo, en la introducción de su “Pequeño tratado del decrecimiento sosegado”,¡El totalitarismo progresista! Ver para creer. Es poco probable que las mujeres africanas que caminan decenas de kilómetros para encontrar un poco de agua potable, o los cientos de miles de personas en el tercer mundo que mueren por el sida debido a la falta de medicamentos, no se alegren de ser víctimas del "totalitarismo progresista". Encontramos el mismo tipo de propaganda anti-progreso en un número de la revista “Silences”, que publica en portada un dibujo que muestra tres personajes monstruosos -mitad humano, mitad reptil- bajo el título: "Ellos quieren destruir el mundo". Estos tres personajes representan: “La trilogía maléfica: el crecimiento, el consumo y el progreso.”
La corriente decrecentista muestra claramente no sólo su negación del progreso, sino su deseo de retroceso: diversos partidarios del decrecimiento, por ejemplo, adoptaron –ellos mismos- el nombre de «retrógrados».
No es nada sorprendente que este tipo de corriente aparezca o más bien reaparezca, en un periodo de crisis como el que estamos viviendo. Las ideas de “lucha contra el crecimiento” asimismo como su asignatura pendiente en materia demográfica, el maltusianismo, resurgen para intentar dar respuestas a las diferentes preocupaciones originadas en tiempos de crisis como el que vivimos. Lo cual no es nada divertido. Nosotros pensamos que los comunistas revolucionarios, incluso si no somos partidarios del consumismo a cualquier precio, ni del « productivismo » salvaje, debemos militar claramente contra estas corrientes, simplemente porque nosotros nos situamos en el terreno del progreso humano y científico más que en una vuelta atrás general de la sociedad.
EL RECICLAJE DE VIEJAS IDEAS
Las ideas sobre el decrecimiento aparecieron unos treinta años atrás. Diferentes autores en los años sesenta y setenta, economistas, sociólogos o …teólogos sentaron las bases: Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994), el "reverendo padre" Illitch Ivan (1926-2002), o el maltusiano Paul Ehrlich (nacido en 1932).
Esta corriente fue desarrollándose al mismo tiempo que la crisis del capitalismo, y a comienzos de los años setenta, se intensifica. Es en esta misma época que unos grupos de reflexión, del cual el más conocido es el llamado Club de Roma, han adaptado al gusto de hoy las teorías de Malthus (1766-1834), que sostenía que el crecimiento de la población conducía forzosamente a la perdición de la humanidad. Nada nuevo bajo el sol : hace ya más de un siglo, el socialista Bebel escribía ya que las ideas maltusianas se desarrollarían siempre « en los periodos de decadencia del orden social, (donde) el descontento general está siempre atribuido a la sobrepoblación y a la falta de recursos y no a la forma en que se obtienen estos y se reparten ».
Es igualmente en los años setenta cuando se han visto resurgir, en los movimientos hippies, las ideas más o menos frívolas de vuelta a la naturaleza, de una gran conexión con ella, de un rechazo de la tecnología y del « productivismo », de constitución de pequeñas comunidades independientes –todas estas ideas las reencontramos hoy en los movimientos por el decrecimiento.
UNA CORRIENTE CON IDEAS CONFUSAS
Entre los pensadores del decrecimiento, encontramos un poco de todo. Porque el decrecimiento no es una teoría científica, sino más bien un cúmulo de ideas a veces totalmente contradictorias.
Esta heterogeneidad permite a esta corriente decir de todo y cualquier cosa, y explica que algunos de sus partidarios se pretendan de la extrema izquierda pero otros, como Alain de Benoist, se reclaman claramente de extrema derecha. Tomemos, como ejemplo y sin querer generalizar este tipo de relación a toda la corriente por el decrecimiento, al teólogo Jacques Ellul, considerado como uno de los padres del decrecimiento, el cual escribió en 1986: "Constatamos que en la Biblia, la intervención divina llega cuando la inhumanidad, cuando el mal físico y moral sobrepasa los límites.. Dios provocó un evento apropiado para este exceso de inhumanidad, que emplaza al hombre a escoger entre arrepentirse o morir. Estoy convencido de que la aparición del virus del sida corresponde a esta intervención de Dios.
El decrecimiento se sintetiza en un confuso combinado de ecología, anarquismo, anticapitalismo y maltusianismo. Partiendo de la base de que los recursos naturales son limitados y de que la producción aumenta sin tener en cuenta estas limitaciones, el decrecimiento predica la guerra contra el crecimiento económico, contra el consumo de masas y el desarrollo de la tecnología. Preconiza el retorno al trabajo artesanal en contra del industrial, la producción local y la vida en el campo - inspirándose en el anarquismo proudhoniano. Algunos de los fundamentalistas se oponen incluso al desarrollo en los países más pobres, e incluso… a los adelantos de la medicina. ¿Exageración? Nada de eso: uno de los principales teóricos del decrecimiento, Ivan Illich, denunció la medicina moderna, con el pretexto de que descuida el autodiagnóstico y la automedicación. Puntualizamos que el mismo Illich militó en contra de la escuela, una «droga» implantada para preparar futuros adultos para consumir y para hacerlos esclavos. A título de ejemplo, Illich publicó en 1971, un artículo sobre "el potencial revolucionario de la desescolarización." Pero incluso si todos los partidarios no comparten obligatoriamente este punto de vista, reclamarse hoy de este autor es insólito, en una época donde decenas de miles de jóvenes de los barrios pobres, en Francia, están «desescolarizados», sin que el «potencial revolucionario» de este desastre social sea visible…
Naturalmente este tipo de reflexión lleva a algunos partidarios del decrecimiento a luchar contra la idea de construir hospitales y escuelas en el tercer mundo. Para ellos, la idea que tienen de los países pobres es que son lugares salvaguardados del vicio del consumo –forzosamente- y que instaurar escuelas y hospitales los llevaría a corromperse. Además, si seguimos esta lógica, los países pobres son forzosamente, desde su punto de vista, lugares fantásticos, justamente porque son pobres y están a salvo de caer en las tentaciones consumistas. Los partidarios del decrecimiento, bajo un vocabulario casto, predican la vuelta a la « simplicidad voluntaria » y el retorno a la pobreza. Serge Latouche menciona por ejemplo en uno de sus escritos, un libro que se considera «el pionero de las ideas del decrecimiento». Este libro se titula: «La pobreza, riqueza de los pueblos».
Por supuesto, no todos los partidarios del decrecimiento profesan tales disparates. Si una parte de esta corriente considera el subdesarrollo como una bendición, otros dicen combatirlo, aunque sea preconizando que los habitantes de los países llamados ricos… se aprieten el cinturón. La idea es: ya que el pastel no es lo suficientemente grande para todo el mundo, es preciso que los países occidentales coman menos para que los países pobres coman algo más. Se trata así de culpabilizar a los pretendidos «ricos» que son los habitantes de los países desarrollados. Este modo de razonar, al fin y al cabo nada alejado del concepto cristiano sobre la caridad, no es evidentemente el nuestro. Tal como escribía Bertolt Brecht en su Canción de Salomón «San Martín ha dado la mitad de su abrigo a un pobre. Y así murieron de frío los do ». ¿Somos detestables «productivistas» porque preferimos luchar por un sistema que permita producir un abrigo para cada persona que tiene frío?
Sea cual sea la corriente a la que pertenezcan, los argumentos del regreso a la pobreza siempre están presentes en su propaganda. Hasta el aborrecimiento: en la portada del periódico “La Decrecencia”, en septiembre de 2004, se atrevía a clamar en cinco columnas: «¡Viva la pobreza!». No es probable que los seis millones de personas que viven en Francia con los mínimos sociales, que los 3.000 parados que aumentan por día, los que se están inscribiendo en este momento en la Oficina de Empleo, aprecien ésto. Es poco probable también, que los millones de trabajadores que no llegan a fin de mes, admiren la portada reciente del mismo periódico que escribía: «A la mierda el poder adquisitivo!»
Pero es que todas estas personas pobres no quieren comprender, según los partidarios del decrecimiento, que todos los objetos de bienestar y objetos prácticos que desean tener, como una lavadora, un coche, un ordenador, una conexión a Internet, etc., sólo son objetos necios que nos alejan de la sencillez, de la espiritualidad y del regreso a uno mismo. Asimismo, podemos creer que los trabajadores más pobres son los mejores practicantes de la doctrina del decrecimiento, pues la experimentan día a día –pero no voluntariamente- con «ejercicios» como «jornada sin ninguna compra» o las «Navidades sin regalos».
Es bastante inmoral preconizar de esta forma la miseria en una sociedad en la cual tantas personas no tienen nada. Pero esto no perturba demasiado a sus partidarios, muchos de ellos proclaman un desprecio considerable hacia las personas más pobres, los menos instruidos, los que no tienen como ellos suficiente inteligencia o cultura para comprender que el bienestar no sirve para nada; o que para ahorrar agua, ir al lavabo a un cajón seco, como los gatos, es el colmo de la felicidad.
UNA DOCTRINA INDIVIDUALISTA…
La doctrina sobre el decrecimiento se revela como una doctrina individual e individualista, tanto en sus conclusiones como en su modo de actuar. Para una mayoría de sus partidarios es preciso «cambiar uno mismo para cambiar el mundo», lo cual niega cualquier posibilidad de cambiar la sociedad a través de la lucha colectiva.
Las formas de acción preconizadas oscilan, en su mayoría, entre lo grotesco y lo ridículo. Así, el “Manual del buen retrógrado” preconiza en “La Decrecencia” «liberarse de la televisión, del avión y del teléfono móvil». Del coche por supuesto, el cual será sustituido por «carros llevados por caballos». De paso para los que se preguntan que ocurrirá con los trabajadores que producen dichos coches, un autor del periódico “El Decrecimiento” escribió un artículo en 2004 titulado : «¡Cerremos las fábricas Citroën!». También de paso hay que negarse a utilizar los ascensores, las neveras, las lavadoras, no comer más carne, etc. El sueño de los partidarios del decrecimiento es la vida en el campo, afín a la tierra, en aislamiento, sin tecnología, en armonía con la naturaleza con uno mismo – la pobreza o la « simplicidad » permiten entender mejor esta.
Algunos partidarios del decrecimiento dicen no haber renunciado a la acción colectiva, aunque no lo demuestran con sus modelos de comportamientos que son a menudo opuestos. Paul Ariès, por ejemplo, dijo en una entrevista que él era "un activista político que quiere cambiar el mundo". Tomamos nota.. Pero esto no le impide, en el periódico que él mismo dirige, dedicar una página entera a "Ana, psicóloga," fanática de la simplicidad voluntaria, que dice así: "Somos más felices poseyendo menos. Ya no creo en el impacto de nuestra acción en la perspectiva mundial. Dejé de creer que iba a salvar el mundo. Vivimos simplemente, porque nos hace bien."
Pero además si algunos de estos partidarios del decrecimiento no se inspiran en la acción individual, sí que preconizan la « reflexión individual sobre los comportamientos de consumo »… o lo que viene a ser lo mismo, rechazan la responsabilidad de los problemas de la sociedad sobre los consumidores, es decir, sobre los más pobres, pero nunca jamás sobre los capitalistas.
... O ABSOLUTAMENTE INEFICACES
Muchos de partidarios del decrecimiento defienden como modelo de acción colectiva, el boicot a diversas marcas o productos ; también prescindir de ir a comprar en grandes supermercados prefiriendo así la "relación directa con el pequeño tendero" ; también el hecho de procurarse sus propias verduras y de confeccionarse su propia ropa reclamando así "cambiar las normas de consumo".. Dicha idea es para conseguir asfixiar al capitalismo cortándole el oxígeno que se le proporciona al comprarle sus productos.
¿Este tipo de medidas serían inalcanzables para los más pobres "Disculpa egoísta", responden los partidarios del decrecimiento. Y es así como en un artículo de “El Decrecimiento” en junio de 2009, un autor invoca algunas recientes epidemias; las vacas locas, la gripe aviar o la gripe porcina. Según él, la gripe porcina tuvo como origen por la crianza industrial de los cerdos (lo cual sería discutible, pero este sería otro debate). Ahí va su razonamiento : la crianza industrial tiende a producir carne con el menor coste posible, carne destinada a familias que no pueden, o más bien (según ellos) no quieren comprar más caro. Si estas familias aceptaran comprar la carne más cara no habría mercado, por consiguiente tampoco habría criaderos industriales, y finalmente se terminarían las epidemias tipo. CQFD.. No inventamos nada. El autor escribe: "En tanto que ciudadanos de países desarrollados, conviene cuestionar nuestra responsabilidad personal. Porque, si para la compra de un producto, el precio es el criterio más importante para mi, yo soy personalmente responsable de este modelo de crisis. Al comprar un pollo a 6 euros el kilo o una camiseta a 5 euros, ¿quien puede honestamente creer que los procedimientos de producción pueden ser ecológicos o socialmente aceptables?".
¿Habría pues que boicotear los productos con precios asequibles? De cualquier forma, tal sistema sería imposible de propagar en una sociedad donde los capitalistas manipulan toda la vida económica y social, en una sociedad donde son ellos los que dominan la producción, los precios y los salarios. Pero incluso instaurando esta doctrina, para una sociedad futura, este sistema sigue siendo reaccionario : el viejo Proudhon (incluso vestido de fibra biológica), con sus comunas independientes y su retorno al trabajo artesanal, no es hoy más atrayente que en su tiempo, los tiempos de Marx. Preconizar hoy en día el fin de la producción industrial y de la agricultura mecanizada, la « relocalización de la economía », es pretender retroceder tres siglos. Para nosotros, el futuro está en la mundialización comunista y no como lo pretende el activista Paul Ariès, en "una Europa en la que cada país tendría sus propios medios de vida".
UNA NUEVA ENCARNACIóN DE MALTUSIANISMO
La corriente por el decrecimiento es de hecho una nueva versión, reciclada en color verde, del antiguo maltusianismo que lo convierte en reaccionario –y peligroso- por definición. Malthus era un clérigo inglés del siglo XVIII, asustado por el enorme aumento demográfico de principios de la revolución industrial; fue cuando escribió el famoso tratado en el cual argumentaba que la humanidad no podría sobrevivir al crecimiento de la población, ya que el número de seres humanos aumentaban infinitamente más rápido que las riquezas producidas. En conclusión, según Malthus: era necesario limitar los nacimientos o, para ser más precisos, dejar morir a los pobres. "Un hombre que nace en un mundo ya poseído por otros", escribió Malthus, "si no puede obtener de sus padres los medios de vida necesarios, y si la sociedad no necesita de su trabajo, no tiene ningún derecho a pedir la más pequeña porción de comida, y de hecho, es un ser sobrante en el banquete de la naturaleza; no hay ningún cubierto para él".
Las ideas de Malthus -ya duramente criticadas por Marx y Engels en su tiempo como de "infame, indigna doctrina, una horrible blasfemia contra la naturaleza y la humanidad"– han tenido en estos dos últimos siglos diversos seguidores. Y siempre hemos expresado que los periodos de crisis siempre engendran automáticamente su cupo de maltusianos abanderando su doctrina sobre la necesidad de limitar el número de nacimientos – en vez de preguntarse por qué el sistema económico no es capaz de dar a cada uno " un lugar en el banquete de la naturaleza. " Hoy día, diferentes corrientes anarquistas y ecologistas son también más o menos abiertamente maltusianas. El activista verde Yves Cochet, propuso recientemente, como ejemplo, y con el objetivo de limitar los nacimientos, dejar de pagar las ayudas familiares que perciben las familias con más de tres hijos, con el argumento de que un hijo europeo tiene « un coste ecológico equivalente a 620 trayectos de París-Nueva York ». Sin comentarios.
El razonamiento de Malthus argumenta que hay demasiadas personas y no hay suficientes recursos. El de los partidarios del decrecimiento es que no hay suficientes recursos para que todas las personas vivan con comodidad. Los términos del razonamiento están invertidos, pero sigue siendo el mismo. Algunos teóricos defensores del decrecimiento se reivindican abiertamente de Malthus, colocando de forma paralela el decrecimiento económico y el decrecimiento demográfico, considerando los dos necesarios. Ivan Illich escribió que "el exceso de población hace que la gente sea más dependiente de los recursos. La honestidad nos obliga a cada uno de nosotros a reconocer la necesidad de limitar la procreación (y) el consumo ». Serge Latouche, el actual papa del decrecimiento, se atrevió a firmar recientemente un artículo cuyo título inequívoco era: « hay que tirar al bebé, antes que tirar el agua del baño ».
Tenemos pues un retrato completo de los partidarios del decrecimiento: una teoría individualista, de partidarios de la pobreza voluntaria, la reducción de la productividad y la reducción del crecimiento económico. La limitación de los nacimientos y el regreso a la naturaleza.
CUáNDO LOS INTELECTUALES Y LOS POLíTICOS SE PROCLAMAN «POR EL DECRECIMIENTO»
Esta tendencia, que hemos visto que apenas supera el nivel cero en reflexión política, ¿está verdaderamente desarrollándose? En cualquier caso, seduce a diversos jóvenes de círculos intelectuales. Y este pequeño éxito de los ecologistas en las últimas elecciones europeas, obviamente ha dado ganas a bastantes comentaristas de subirse al tren –o al carro con su caballo- por el decrecimiento.
Así pues, un comentarista político de France Inter, el pasado 8 de junio por la mañana, explicó: "Los Verdes (...) valoran que el ecologismo ofrece la oportunidad de cambiar la vida, las relaciones entre las personas, la relación con el dinero Y sobre todo, empiezan a cuestionar el concepto mismo de crecimiento. Hablan de « una nueva moderación », de « crecimiento selectivo » o de « decrecimiento selectivo ». Unos días después, el 13 de junio, esta vez en una doble página del periódico “Le Monde”, tres eminentes intelectuales se expresaban así referente al tema de la "ecología política". De los tres artículos, dos adoptaban el punto de vista del decrecimiento con algún que otro matiz. Jean Gadrey ", miembro del Consejo Científico de Attac, denunciaba « el actual paradigma de desarrollo, basado en la obligación de crecimiento ".Según este ilustrado economista, habrá que aprender a crear empleos ", sin ambición de ganancia ni de productividad." Y con este importante retroceso hacia atrás es cuando llama a sus lectores a tomar ejemplo con, "la sustitución progresiva de la agricultura industrial (...) por la agricultura biológica local".. Por supuesto, todo este discurso está lleno de buenas palabras acerca de "la creación de empleo", que generarían estas medidas. Certes. Seguro.. De la misma forma que, la sustitución de automóviles por sillas empujadas por humanos o por ejemplo los barcos con condenados a galeras, que estos si generarían muchos puestos de trabajo? Pero, ¿es realmente esto progreso?
En la misma doble página del periódico “Le Monde”, el sociólogo Edgar Morin sostiene más aún la tesis sobre el decrecimiento -en lo que tiene de mayor ridiculez-. El objetivo final de la ecología política, según él es "poetizar la vida." Un gran programa; a través de la lucha contra la "intoxicación del consumo" y la necesidad de "cambiar nuestras vidas en el sentido de la moderación”. Morin se refiere explícitamente en su artículo, al "reverendo Padre", al teórico Ivan IllichY concluye con estas necias palabras: "Todas las soluciones consideradas son cuantitativas: crecimiento económico, crecimiento del PIB.¿Cuándo la política tomará en consideración la gran necesidad de amor del género humano perdida dentro del cosmos? "Sustituir el crecimiento por amor; muy bien, pero ésto por desgracia no llenará los estómagos vacíos de millones de niños que mueren de hambre en el mundo cada año, pero como dice Morin, al menos "poetizará su vida." O su muerte en este caso.
Más aún, no solo los ecologistas sino la mayoría de los partidos de izquierda, PS – Partido Socialista-, PCF –Partido Comunista Francés-, e incluso el NPA -Izquierda Anticapitalista-, coquetean con las ideas del «decrecimiento», con « romper con el crecimiento » y también con el « antiproductivismo ».
El PCF, por ejemplo ya en el año 2005, dijo en un discurso en su fiesta anual, « la Fête de l’Humanité » -la Fiesta de la Humanidad-, en boca de Alain Hayot "Se necesitarían cuatro o cinco planetas si toda la población mundial produjera y consumiera con el mismo modelo que el actual mundo llamado desarrollado. El crecimiento actual genera por igual, tanto desastres sociales como medio-ambientales. ". El crecimiento actual genera daños, claro está; ¿pero y el daño que generan los beneficios? Y Alain Hayot sigue así: "Es menester reflexionar sobre el modelo mismo de desarrollo tanto en sus finalidades como en su aplicación y sobrepasar los medios de producción y de consumo actuales.
En sus "principios de fundación" el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) - texto en el cual no aparece ni una sola vez la palabra "comunismo" – podemos leer lo siguiente: "Como objeción a los modelos de producción y de consumo actuales, proponemos la relocalización de la economía, la redistribución de las riquezas, la disminución del consumo de los recursos limitados… ". Relocalizar la economía, ¿qué quiere decir?¿Que los diferentes países del mundo pueden y deben vivir en autarquía? He aquí una ocurrencia que complica un poco las cosas " la redistribución de las riquezas", ¿de qué forma?, si como todos sabemos hay países en nuestro planeta que son totalmente incapaces, por razones geográficas, climáticas y geológicas, de producir la mayoría de los recursos necesarios.
Sin embargo, algunos miembros del NPA van incluso más allá. Philippe Corcuff, profesor de Ciencias de Lyon, sociólogo y « especialista en filosofía política », miembro de la dirección del NPA después de haberlo sido de la LCR (Liga Comunista Revolucionaria), participó el 2 de mayo, en un coloquio organizado por el periódico “El Decrecimiento” sobre el tema "No al capitalismo verde".. En su intervención destacó « la nueva convergencia" entre "anticapitalismo y antiproductivismo”. En un galimatías pretencioso, que es muy a menudo el idioma de los sociólogos, Corcuff se felicita de que cada uno (anticapitalistas y antiproductivistas) han "iniciado un autoanálisis crítico de sus propios desatinos". Y sigue: "Desde finales del siglo XIX, las diferentes variantes del socialismo con frecuencia se impregnaron con la productividad, con la creencia (...) de que era suficiente con deshacerse de las cadenas de la explotación capitalista para resolver todos los problemas.¿De dónde vienen estas "creencias"? ¡ Puede que de MarxCorcuff denuncia la "ambivalencia" de Marx, que por un lado, "parece marcado por una fascinación productivista para el desarrollo industrial que deslumbra la vista" y por otra parte de denuncia sobre la producción capitalista "agota al mismo tiempo los dos manantiales de donde sale toda riqueza : la tierra y el trabajador " (El Capital).² Este razonamiento de Corcuff sobre la "ambivalencia" de Marx sólo demuestra una cosa: que uno puede ser doctor en Sociología y a la vez incapaz de entender el ABC del marxismo. Sí, por supuesto que Marx estaba "deslumbrado" por las extraordinarias fuerzas productivas que el capitalismo era capaz de hacer surgir de la tierra, y sí, también estaba indignado por la explotación del proletariado y por la irresponsabilidad con la que los capitalistas despreciaban la naturaleza. Marx concluía pues, que era necesario poner las fuerzas productivas al servicio del proletariado arrancándolas a los capitalistas, a través de una revolución social. Aquí no hay más ambivalencia que el cero en marxismo existente en la cabeza de Philippe Corcuff.
MARXISMO Y DECRECIMIENTO
En efecto, sólo los que no conocen ni a Marx ni al marxismo creen que Marx era un "productivista" necio, incapaz de preguntarse sobre el agotamiento de los recursos naturales o la lenta destrucción del planeta por el sistema capitalista.. Muy al contrario: Marx y Engels fueron los primeros en plantearse esta cuestión.
Hablar del riesgo de agotamiento de los recursos naturales - en particular de los combustibles fósiles como el petróleo – está hoy de actualidad. Las características de los combustibles fósiles no son renovables, y por tanto llegará necesariamente un día en que se agotarán. Tan podemos anotar que los plazos que nos separan de dicha fecha son probablemente más largos de lo que los ecologistas y los partidarios del decrecimiento vaticinan : en los años setenta, estas mismas corrientes ya anunciaban el fin definitivo de los recursos del petróleo para el año 2000.
Y claro está que la cuestión de agotamiento de los recursos naturales es obviamente esencial. Al igual que muchas preguntas formuladas por los partidarios del decrecimiento: sí, claro que el capitalismo empuja a quienes tienen más dinero para consumir seduciéndolos a través de la publicidad y creando modas artificiales. Sí, claro que el capitalismo fabrica voluntariamente productos que muy rápidamente quedan obsoletos para empujar de nuevo a los consumidores a renovarlos. Sí, claro que el capitalismo transforma todo lo que toca en una mercancía, y por mil y una artimañas, empuja a las personas con dinero (pero también a personas con poco dinero para vivir y a través de créditos y/o tarjetas de crédito) a comprar productos muchas veces inútiles.? ¿Es ésto una novedad?. Seguro que no. "La mercantilización", tan condenada por ecologistas, altermundialistas y partidarios del decrecimiento, finalmente es la obra misma del capitalismo el cual nunca ha razonado en función del uso del producto sino sólo y únicamente en función de qué beneficios le aportarán. El capitalismo no produce para paliar las necesidades, sólo produce para obtener beneficios. No hay necesidad, pues, de decrecentistas para saber ésto puesto que Carlos Marx lo desarrolló ampliamente y en detalle en su libro “El Capital” hace más de un siglo. Es sabido también, gracias al mismo Carlos Marx,. que el capitalismo no puede funcionar más que reutilizando una parte de la plusvalía obtenida durante la producción para invertirla con el único objetivo de aumentar de nuevo dicha producción. Lo que llamamos el « crecimiento » es decir, el hecho de que, fuera de los periodos de crisis, la producción de riquezas aumenta de un año para otro, es en realidad esto que Marx define bajo el término de « reproducción del capital en proporción creciente ».
En la economía capitalista, los periodos de decrecimiento son los periodos de crisis - el estancamiento y más aún la reducción de la producción, no son resultado de una evolución conscientemente controlada y se convierten en catástrofes sociales.
Hablar de renunciar como lo hace Jean Gadrey citado más arriba, a los logros de la productividad, es dar la espalda a todo lo que ha permitido a la humanidad progresar a lo largo de decenas de miles de años.¿Qué hicieron los primeros hombres que tallaron silex, sino ingeniar soluciones para aumentar la productividad del trabajo? Toda la historia de la economía humana es la de una larga batalla para aumentar la productividad mediante la mejora y el progreso de las técnicas de producción -lo que permitió, disculpar la insignificancia- dar a la humanidad los medios para mejorar, adelantarse e intentar superar gradualmente las limitaciones impuestas por la naturaleza. ¿Es ésto lo que el decrecimiento quiere tirar por la borda?¿Y por qué "el crecimiento", es decir, el hecho de que las riquezas producidas por la sociedad aumenten es considerado un problema? Esto debería ser más bien satisfactorio: si la cantidad de riqueza producida es mayor, mayor será la posibilidad de ofrecer a la humanidad "a cada cual según sus necesidades." Y en lugar de tratar de reducir la cantidad de riquezas producidas con un regreso a la actividad artesanal local, sería mucho más urgente preguntarse qué hacer para que el conjunto de la humanidad se beneficiara de esta abundancia de riquezas.
A todo esto, los partidarios del « decrecimiento » responden que todo ésto es imposible y utópico, pues la tierra no puede producir suficientes riquezas para abastecer a toda la humanidad.La reciente teoría de la "huella ecológica", a menuda esgrimida por los decrecentistas, va en este sentido: si todos los seres humanos viven con el nivel de vida de la clase media americana, «harían falta cuatro planetas para poder hacerle frente».
Esta forma de razonar es en el fondo decirles a los pueblos de los países subdesarrollados que permanezcan en su pobreza. Porque es evidente que los habitantes de Estados Unidos, de Europa o de no van a volver a los tiempos del carro con caballo y de las candelas - y tanto mejor-. Además es este propio razonamiento el que es absurdo. Así como los partidarios de Malhtus, preveían "la extinción de la raza humana" si sobrepasaba los mil millones de habitantes en la tierra, los partidarios de dichas teorías nunca han tenido en cuenta las posibilidades que el progreso científico y tecnológico pueden proporcionar a la humanidad. Malthus creía que la humanidad desaparecería al pasar de mil millones de individuos, porque jamás se imaginó la magnitud que podría desarrollar un día la agricultura intensiva y la productividad de la industria de hoy. Al menos él tendría esta justificación, en 1780. Pero los partidarios del decrecimiento de hoy, que conocen lo que las nuevas tecnologías son capaces de realizar y de las esperanzas que nos pueden ofrecer, no tienen ninguna justificación.
Tratar de imaginarse lo que dará de sí la capacidad productiva de la sociedad dentro de cincuenta años es casi imposible. Pero el razonamiento de los partidarios de Malthus sobre este tema es tan absurdo como el conocido chiste: dos hombres de Cro-Magnon hablan al regresar de cazar mamuts.. Uno le dice al otro: "Sabes, creo que habrá seis millones de personas dentro de 40 000 años." - "Estás loco", le responde el otro. « Nunca habrá suficientes mamuts.¡Se necesitarían como mínimo 6 000 planetas! »
Así que no, nosotros no pensamos que el futuro de la sociedad se halle en la reducción del crecimiento a toda costa. Tampoco pensamos que se halle en el aumento del crecimiento. Este aumento es, de hecho, una de las leyes del capitalismo, un sistema en el cual el único regulador de la producción es el mercado capitalista ciego. Nadie, ni siquiera los propios capitalistas, tienen en realidad el control sobre la producción. Sólo una sociedad liberada de la competencia, donde la producción estuviese democráticamente planificada en función de las necesidades, podría ser una sociedad donde el crecimiento fuera contenido –lo que supondría un crecimiento de la producción de algunos productos si la demanda por necesidad existiera, y de decrecimiento de la producción de otros sectores, si procediera. Pero todo ésto tendría que decidirlo y controlarlo la propia población. Una sociedad tal, se llama una sociedad socialista, y sólo podrá levantarse tras una profunda revolución mundial, que terminará con la dictadura de la sociedad capitalista.
Este no es, queda patente, el objetivo de los partidarios del decrecimiento. Mientras soplan vientos donde las luchas colectivas no están en auge los partidarios del decrecimiento preconizan la lucha individual, el cada uno para sí. La mayoría de ellos no preconizan lucha alguna, menos colectiva claro está, más bien aconsejan que lo mejor es alejarse del mundo moderno para salvaguardarse individualmente. pero seguramente pensando que siempre habrá obreros, a pesar de todo, para fabricar los ordenadores y el papel que les permite escribir sandeces en sus periódicos.
Con los partidarios del decrecimiento, los capitalistas no tienen de qué preocuparse. Todo lo contrario; si, aunque poco probable, las ideas por el decrecimiento destacaran más allá del entorno cerrado de la pequeña burguesía ecologista, sería una bendición para los capitalistas; tendrían frente a ellos a trabajadores que no sólo aceptarían su suerte, sino que encima serían felices de ver su poder adquisitivo deteriorarse, en nombre de un regreso a la simplicidad. Habitantes de suburbios que ya no se rebelarían por el hambre que pasan, sino que darían las gracias a sus explotadores por no tener ni escuelas, ni hospitales, ni medicinas, ni comodidades. Estamos convencidos de que ésto nunca sucederá - porque hace falta tener el estómago lleno para preconizar tales ideas. Pero si, como lo hizo Gandhi por ejemplo (otro ídolo de los partidarios del decrecimiento), preconizan la resignación de los pobres explicándoles que su miseria es una riqueza, y encima llegan a convencerlos, los pueblos solo ganarán el crecimiento de su miseria.
Los partidarios del decrecimiento quieren hacernos creer que no hay ninguna otra alternativa para la humanidad, o por una parte ahogarse en la grasa de la superproducción capitalista o por otra abandonar cualquier progreso aceptando incluso con alegría la miseria. En el mejor de los casos es una estupidez o algo peor, una mentira. otra alternativa –la única capaz de resolver los problemas de pobreza y también los problemas de la destrucción del medio ambiente que acarrea el capitalismo irresponsable y criminal: una revolución social y la instauración de una sociedad dirigida y controlada por la propia población, el comunismo.
01-01-2010
Subir al principio de la páginaLA RECUPERACIóN DE LA MEMORIA HISTóRICA
La búsqueda de la fosa común donde está enterrado Federico García Lorca ha abierto el debate sobre lo que en España se llama Recuperación de la Memoria Histórica. De nuevo la derecha ha sacado a la luz todo el repertorio contra la búsqueda de las fosas de la represión franquista. El debate sobre si se debe o no buscar los asesinados por el franquismo es la punta del iceberg que esconde un problema político y social de la España contemporánea y las turbulentas aguas de la lucha de clases que durante los años treinta conformaron la revolución española, su traición por la burguesía republicana, por la socialdemocracia y el estalinismo junto a fracciones de la CNT. La memoria histórica es un tema que quema al poder, a los socialistas y a la derecha pues pone al descubierto un genocidio contra la clase obrera española, y la sumisión de la izquierda (PSOE, PCE) a la burguesía y a la derecha franquista en la Transición.
LA RECUPERACIóN DE LA MEMORIA HISTóRICA: UN PROBLEMA SOCIAL Y POLíTICO
Transcurridos 73 años de la Guerra Civil española, poco más de 30 años del final de la dictadura franquista, y con un régimen parlamentario, existe un problema político y social no resuelto, engendrado por esos acontecimientos: la existencia de miles de víctimas de esa dictadura, y de sus familiares, que reclaman sus cuerpos desaparecidos y reparación moral y jurídica. Víctimas que han sufrido las cárceles y los campos de concentración, o fueron asesinados y enterrados en miles de fosas comunes. Es más, son los partidos de la derecha – herederos del aparato de Estado franquista- y la complicidad de la izquierda parlamentaria en la Transición, los que se encargaron de silenciar y “olvidar” la existencia de las víctimas de un régimen tiránico y terrorista, salido de un golpe de estado convertido en una guerra civil por la resistencia popular el 18 de julio de 1936. ¿Cómo explicar, si no, el movimiento llamado Recuperación de la Memoria Histórica?
Para explicar el por qué la Transición supuso el olvido de este problema habría que remontarse a la guerra civil. Pero también a nuestra historia más reciente. José Vidal Beneyto, un intelectual cercano a la socialdemocracia y para nada revolucionario, escribió en 1980 en el periódico “El País” sobre lo que fue este proceso político: “Todos sabemos que la democracia que nos gobierna ha sido edificada sobre la losa que sepulta nuestra memoria colectiva. Esta realidad fundante tiene dos lecturas. La primera, a mi juicio la más endeble, apunta a la discontinuidad de los partidos de la izquierda en relación con su pasado inmediato, (…). La segunda lectura se refiere al pacto de silencio histórico suscrito por las fuerzas de izquierda con los protagonistas del 15 de junio de 1977, como precio a entrar al club de la reforma, de su legalización política y de su legitimación social en la nueva democracia (…)
En realidad la izquierda, ahora parlamentaria, sólo hizo lo que su reformismo le indicaba como lógica para obtener sus puestos políticos: aceptar el olvido del fascismo, y así sus responsabilidades, más los sacrificios sociales, económicos y políticos de los trabajadores. Todo ello a cambio de gestionar desde las poltronas del Estado los intereses de la burguesía española.
LA CAUSA DE ESTE MOVIMIENTO: LA GUERRA CIVIL DE 1936
Volviendo a los orígenes, la guerra civil española de 1936 es la causa última del movimiento social llamado Recuperación de la Memoria Histórica. Esta guerra ha supuesto un antes y un después en nuestra historia y en la vida de los españoles. Ha supuesto una quiebra en todos los órdenes de la sociedad y la vida cotidiana. Ha marcado a toda la sociedad durante décadas. El movimiento social de la Recuperación de la Memoria Histórica es la lucha de los familiares y de las víctimas de la dictadura, por el reconocimiento y la reparación justa de esta ignominia y sobrevivir con dignidad a la vileza del olvido.
La derrota del ejército republicano en 1939 a manos del ejército fascista no supuso el final de la crueldad propia de una guerra civil. Si las hostilidades bélicas de los dos ejércitos organizados terminaron, no fue así la represión política y social a la cual estuvieron sometidos los vencidos y todos aquellos que osaron enfrentarse de una u otra forma al régimen. Y sobre todo, la represión se cebó sobre los militantes, perseguidos hasta el exterminio, de las organizaciones, tanto políticas como sindicales, del movimiento obrero que combatieron en el ejército republicano. Lo cual supuso también que toda la clase trabajadora estuvo sometida a la vigilancia, represión y la explotación de las clases sociales dominantes que organizaron el golpe militar del 18 de julio de 1936.
Sin embargo el proceso político de la Transición supuso la claudicación de los partidos de izquierda en las posibles responsabilidades de la dictadura. La “renconciliación” entre las dos Españas se realizó cubriendo una cortina de silencio sobre los crímenes de la dictadura. Para el Partido Comunista de España y para el Partido Socialista Obrero Español, las dos organizaciones que representaban la mayoría de la izquierda, el pacto con los franquistas suponía la vuelta a la legalidad y al juego democrático. Y había que pagar el precio. Uno de los precios fue la Ley de Amnistía de 1977.
Según los medios institucionales y oficiales del régimen actual, esta ley liberaba a los presos políticos de la dictadura. Pero en realidad esta ley suponía también la amnistía de todos los crímenes de la dictadura. Fue una verdadera ley de punto final. Para la derecha cualquier intento de explicar la verdad de la dictadura era una venganza. Como explicaban otros: la violencia y la represión fue por igual en los dos bandos, ¿para qué, entonces, remover heridas? Si esto fuera así de simple, en esta situación no habría que tener ningún tipo de freno a la investigación de la verdad. Entonces, ¿por qué se ha obstaculizado la investigación sobre la represión franquista?, ¿por qué se destruyeron archivos y documentación sobre el tema?, ¿por qué se niegan o se dificulta abrir, localizar, las fosas de los fusilados?
El por qué lo explicaba uno de los primeros investigadores sobre el franquismo y su represión, Alberto Reig Tapia: “El capítulo de la represión es la primera y fundamental página negra de la historia del franquismo. Por lo tanto no puede sorprender que se hagan los máximos esfuerzos en el sentido de que, dicha página, permanezca en blanco por parte de un Estado que, reconvirtiéndose, se ha sucedido a sí mismo”.
En palabras de Francisco Espinosa Maestre la represión franquista es “el secreto mejor guardado del franquismo”. éste historiador explica el choque emocional que le supuso tener que pasar los obstáculos que la propia Universidad de Sevilla, los responsables de los archivos institucionales y hasta los conserjes, ponían para empezar a bucear en este “espinoso” tema: “Pertenezco a los que, ya entonces, vimos y vivimos la transición de manera muy crítica. La negativa a que se investigara la guerra civil no sólo procedía de los archivos, sino que eran las propias universidades –en mi caso la de Sevilla- las que rechazaban todo intento de penetrar en aquél pasado oscuro. De ahí que hubiera que hacerlo desde fuera, a la intemperie y casi sin respaldo alguno.
Y lo primero que hay que decir es que fuimos a investigar la guerra civil y encontramos sólo represión pura y dura. No tardamos mucho en comprender que eso que llamábamos “guerra civil” sólo lo hubo en medio país; en el otro medio lo que hubo fue un golpe militar brutal y la puesta en práctica de un plan de exterminio que acabó con la vida de miles de personas entre 1936 y 1953”.
“…Puede ser interesante plantearse qué pasa por la cabeza de un investigador cuando descubre que en la ciudad de Sevilla fueron asesinadas más de tres mil personas en siete meses, en la provincia de Huelva más de cinco mil o sólo en la mitad de la de Badajoz unas siete mil”
1.
Sin embargo no se pueden equiparar las dos violencias. Una fue respuesta en la mayoría de los casos, a la represión de los golpistas fascistas. Además la represión “roja” fue exagerada para justificar los crímenes del fascismo, investigada, aumentada, reparada y pensionada a través de la Causa General
2. Sin embargo el exterminio represivo franquista todavía está por investigar. Y para vivir en paz había que callar y olvidar. Para la izquierda pactista había que aceptar esta situación. Como han desvelado los estudios de Espinosa: “La violencia izquierdista se lleva por delante en esa extensa zona del suroeste (Cádiz, Huelva, Sevilla y la extensa zona de Badajoz y Córdoba ocupada en el verano de 1936) unas ochocientas personas; la violencia fascista, y hago un cálculo a la baja, arrasa en ese mismo marco geográfico unas veinticinco mil vidas”. Y más adelante prosigue “conocemos con detalle todo lo referente a las víctimas de derechas, incluso los nombres de los asesinos; ignoramos, sin embargo, casi todo sobre las víctimas de izquierdas”.
La reconstrucción de este pasado de la represión ha llenado los estantes de las librerías, de las bibliotecas, y saltado a las planas de los periódicos y medios en general. Los estudios realizados por la historiografía más actual han desvelado datos, aportado cifras, hipótesis e investigaciones que han resultado reveladoras de la opresión de un régimen dictatorial que implantó el terror en sus primeros años hasta evolucionar hacia la monarquía parlamentaria actual.
Pero en realidad lo que ha hecho avanzar las investigaciones y la historiografía ha sido el movimiento de base, las víctimas, los familiares que han obligado a modificar, con sus testimonios, lo que se había escrito. Es más, muchas de las investigaciones locales que han aportado nuevos datos, se deben a estos testimonios. Hay centenares de personas que luchan por desenterrar la verdad. Esa verdad, que yace oculta bajo la tierra de cientos de fosas, exige su descubrimiento y estudio. Es la única manera de conocer el número de víctimas y contestar las décadas de propaganda manipuladora negando la evidencia. Y no basta con colocar monolitos o lápidas en recuerdo, es necesario saber el número de enterramientos y de fusilados. Y esto sólo es posible levantando y descubriendo las fosas comunes.
De nuestra parte pensamos que este periodo histórico, que abarca los años de 1931 a 1939, se caracteriza por abrir un periodo revolucionario en el cual campesinos, jornaleros y obreros, toman en sus manos la sociedad en aquellas zonas dónde el golpe de estado no había triunfado.
1 ESPINOSA MAESTRE, FRANCISCO (2007): “De saturaciones y olvidos. Reflexiones en torno al pasado que no puede pasar”. Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea. http://hispanianova.rediris.es. (Separata)Nº 7 – año 2007. Página22.
2 La Causa General fue el juicio del Estado franquista a la represión de la zona republicana. Decreto de 26 de abril de 1940.
UN RECORRIDO EN EL TIEMPO DEL MOVIMIENTO DE LA MEMORIA
La primera demanda social que hubo en las familias represaliadas fue buscar noticia de sus familiares desaparecidos, muertos en la contienda o asesinados. Buscar sus cuerpos, darles sepultura. Pero no es hasta los años noventa cuando aparecen públicamente los primeros grupos de personas que se asocian para encontrar a sus familiares, descubrir fosas comunes de fusilados por el franquismo, y buscar un reconocimiento público e institucional. Este movimiento social se propone desenterrar del olvido nuestra historia pasada, buscando la justicia y reparación de las víctimas de la dictadura franquista.
Con la muerte del dictador -1975-, los familiares de las víctimas de la represión, que sabían donde se habían fusilado y enterrado a sus familiares, comienzan a realizar las primeras localizaciones y recordatorios en los mismos lugares de los enterramientos. Se colocan las primeras lápidas colectivas, monumentos o tumbas. Siempre sobre las fosas sin investigar, sin analizar los restos y sin difusión pública. Si hay actos, éstos, se convierten en ceremonias privadas o reducidas. Muchos símbolos franquistas, como son las llamadas “cruces de los caídos”, son retirados por los responsables municipales o por simples ciudadanos pero sin ninguna difusión pública. Es a partir de los años noventa cuando comienzan a realizar las acciones públicas y a desarrollarse el movimiento social.
En realidad este movimiento asociativo no pretende otra cosa que encontrar sus familiares, sacar a la luz los datos de la represión y en definitiva terminar la “reconciliación” nacional. No van más allá. Pero se quiera o no, detrás de todo esto está la naturaleza revolucionaria de los hechos que desencadenaron la represión franquista y que es imposible ocultar si todo sale a la luz. El gobierno socialista presionado por este movimiento social elaboró una ley, Ley de la Memoria Histórica, al final de 2007, que no dejó de ser un reconocimiento parcial de las víctimas y sus resultados insuficientes.
LA REVOLUCIóN SOCIAL LA CAUSA DE TODA LA REPRESIóN
En el prólogo de su obra “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”, Ronald Fraser explica las ideas fundamentales del proceso. Citamos un fragmento del prólogo a la edición de 1997 de la obra de Ronald Fraser mencionada, que explica los orígenes de la Guerra Civil: “La Guerra Civil fue precipitada por un levantamiento militar en defensa del orden tradicional (representado por una clase dominante básicamente formada por los terratenientes, la iglesia y el mismo ejército… El temor experimentado por la burguesía rural políticamente insegura frente a una revolución – y el hecho de que haya recurrido al ejército como su principal recurso defensivo- proporcionó el impulso civil y la justificación para el levantamiento popular. (…) el levantamiento provocó precisamente la mismísima revolución cuya prevención había sido su objetivo, cuando los obreros y campesinos aprovecharon la oportunidad para intentar la creación de un orden social nuevo…” En este sentido podemos decir que el golpe de Estado desencadenó una revolución social y que la derrota de ésta, supuso el exterminio de la vanguardia militante de las clases trabajadoras.
Históricamente nos encontramos en este periodo histórico con una derrota de las organizaciones obreras. Esta derrota, en el conflicto social de la época, termina con la guerra civil y ésta supone el culmen de una crisis social y política, donde los trabajadores y sus organizaciones cuestionaron el orden social imperante de la época, dominado por las clases sociales burguesas – terratenientes, empresarios, banqueros... - con la Iglesia.
La represión franquista tuvo similares repercusiones en el cuerpo social de nuestro país que el nazismo y el fascismo de la época, sin embargo, ha sido oficialmente ocultada en todos los órdenes de la vida, sin una conciencia social clara. El 19 de Julio de 1936, el General Mola afirmaba: “Es necesario propagar una imagen de terror (…) Cualquiera que sea, abierta o secretamente, defensor del Frente Popular debe ser fusilado (…) Hay que sembrar el terror, dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulo ni vacilación a todos los que no piensan como nosotros”.
Centenares de miles de personas fueron asesinadas durante la guerra y la posguerra, y muchas de ellas yacen en fosas comunes. Miles de personas sufrieron las cárceles y los campos de concentración franquistas. Ahora, años después, van apareciendo los testimonios y reconociendo su existencia.
Esta situación ha supuesto para miles de personas, para sus familiares y compañeros el silencio, el olvido, la ocultación, cuando no la discriminación. En otro orden de cosas, podemos decir que la Guerra Civil y la posguerra han marcado profundamente las generaciones de nuestro país durante décadas. Por esto históricamente y para nuestro futuro es necesario recuperar la memoria oculta, y recuperarla toda: tanto la verdad de la represión, como sus causas, la luchas y conflictos de clases y las ideas revolucionarias de cambio social.
Muchos de ellos, de los asesinados, se habían levantado con las pocas armas que tenían oponiéndose al golpe de estado de los militares. Habían organizado en las pocas semanas o meses, hasta la llegada de las tropas fascistas, la resistencia. Los pueblos de España, en los que no triunfó el alzamiento fascista, se habían llenado de comités que organizaban la vida social y pública al modo de los mineros asturianos en octubre de 1934: una revolución social se puso en marcha. Un documento de la Comandancia Militar de Cádiz citado por Francisco Espinosa en su libro “La justicia de Queipo. Violencia selectiva y terror fascista en la II División en 1936: Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga y Badajoz” prueba la naturaleza de la lucha de clases de la guerra civil en Andalucía y la barbarie de este genocidio:
“La peculiar organización de los pueblos andaluces hacía que en un pueblo de 20.000 habitantes existieran 20 o 30 terratenientes, 200 o 300 tenderos o comerciantes y 15.000 braceros sin más capital que sus brazos, todos asociados a organismos del Frente Popular. Cuando ellos dominan pueden fusilar a los dos primeros grupos y quedarse solos; en cambio los dos primeros grupos no pueden fusilar al tercero por su enorme número y por las desastrosas consecuencias que acarrearía”.
Esta revolución social se desencadenó a partir del golpe y organizada por las bases de los partidos y sindicatos obreros. La historiadora Marta Bizcarrondo (El País, “Diez tesis sobre el Frente Popular”. 16/02/06) describe que “en la primavera del 36 hubo situaciones de doble poder, conflictos, agitación, ocupación de tierras, pero ninguno de los posibles protagonistas de tal revolución estaban dispuestos a ella. Ni un PSOE desgarrado, ni la CNT, ni un PCE prorrepublicano”. Bien es verdad que tanto Largo Caballero entre los socialistas como los anarquistas se llenaban la boca de palabrería revolucionaria que hacía que el proletariado español tuviera ilusiones en sus líderes. De todas formas esta situación indica que había entre la población obrera sectores con la voluntad revolucionaria de acabar con el sistema capitalista y realizar la revolución social.
Pero más que nos pese, el franquismo supone una derrota de los trabajadores y de sus organizaciones de izquierda y no valdría de nada si no recuperamos las causas que produjo tal saña, tanto crimen en contra de nuestro pueblo. El revolucionario ruso León Trotski, que siguió todo el proceso de la Guerra Civil, supo ver lúcidamente las consecuencias de la derrota para el pueblo español. En 1939 respondía en una entrevista: “Para los obreros y campesinos españoles, la derrota no es sólo un episodio militar; constituye una terrible tragedia histórica. Significa la destrucción de sus organizaciones, de su ideal histórico, de sus sindicatos, de su felicidad, de las esperanzas que han alimentado durante décadas e incluso durante siglos. ¿Puede imaginarse un ser dotado de inteligencia que esta clase pueda en el espacio de uno, dos, o tres años construir nuevas organizaciones, un nuevo espíritu militante y derrocar así a Franco? No lo creo. Hoy España está más alejada de la revolución que cualquier otro país.”
3 Y las causas de esta derrota hay que buscarlas en los conflictos sociales que aparecen en esta época y como factor determinante, la lucha que llevaron unos hombres y sus organizaciones a oponerse al fascismo y al orden social que representaba. Esta lucha se basaba en el análisis y compresión del orden social y político del momento y el intento por cambiarlo. Es decir, había ideas revolucionarias detrás de estos hombres que intentaban transformar el mundo. Recuperarlas es necesario también. Como ha demostrado la historia desde entonces la violencia de clases se repite cada vez que la clase dominante necesita sobrevivir. En la España de 1936 eran la burguesía agraria y sus clérigos, los banqueros y la oligarquía. Porque detrás de los que reprimen siempre están quienes los financian.
Hemos dicho que existió una derrota. Investigar en la memoria histórica nos dará datos sobre el porqué de esta derrota, y nos puede llevar a conocer las distintas responsabilidades de las organizaciones de izquierda tuvieron en la dirección de los conflictos sociales que aparecen. Y nos servirá seguro para el futuro, sacando las enseñanzas de este exterminio, que supuso una represión brutal y decenas de años de silencio. Ganó el fascismo y llevó a décadas de represión y explotación social a nuestro pueblo. Las lecciones de la guerra civil del 36 se harán cada vez más evidentes con la investigación histórica y el movimiento de recuperación de la memoria histórica: la única manera de impedir el fascismo, la dictadura y la represión será eliminar las causas de ello, que no son más que la organización social de explotación del trabajo, es decir, la sociedad capitalista y con ello eliminar la dominación de la burguesía.
En el mundo actual, el dilema que se abrió en 1936, socialismo o barbarie, sigue vivo y es nuestra responsabilidad tomar partido.
3 TROTSKI, LEóN, 1936-1940. (1977): La Revolución Española. Volumen2. Edición preparada por PIERRE BROUé. Barcelona: Editorial Fontanella. (Traducción de la edición francesa en éditions Minuit, 1975).
01-01-2010
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